El primer prototipo de cámara digital lo desarrolló Kodak en 1975. Pudo lanzarlo al mercado en 1992 y revolucionar el sector, pero no lo hizo por miedo a canibalizar el filme y que los consumidores dejaran de comprar rollos para cámaras, como finalmente ocurrió. Hoy el antaño gigante de la fotografía está en ruinas (salió del concurso de acreedores en septiembre). Lo cuenta Don Strickland, vicepresidente de Imagen Digital en Kodak hasta 1993 y luego senior executive en Apple.

¿Cómo un coloso se desmorona así? La respuesta es sencilla: miedo a la innovación.

Está claro que las empresas no pueden embarcarse en nuevas líneas de negocio sin tener en cuenta los riesgos, pero la historia empresarial mundial está llena de historias en las que el miedo a no obtener el éxito afectó –y drámaticamente- a la agilidad en la puesta en marcha de proyectos innovadores.

Desgraciadamente en España hay muy pocas empresas en las que uno pueda equivocarse y aprender de los errores. Como país, en nuestra cultura nos aterroriza alejarnos de la norma, “pensar diferente”. En Estados Unidos, Singapur, Finlandia e Israel nos llevan decenios de adelanto.

¿Cuántas veces habremos oído excusas (interesante artículo al respecto en El País) como estas frente a cualquier tipo de cambio?

  • “Así lo hemos hecho siempre aquí”
  • “Es que no tenemos dinero suficiente”
  • “Es que esto no va a funcionar”
  • “No es mi problema”
  • “Es difícil. Es arriesgado. Algún día. Creará problemas en la empresa”
  • “Soy demasiado mayor”
  • “¡¡De esta me echan!!”
  • “Aquí no se puede cambiar nada”

Si queremos hacer las cosas de manera diferente para obtener resultados distintos; si tenemos que salir, y ayudar a nuestro equipo a abandonar la zona de confort donde tenemos todo controlado; si logramos transformar los noes iniciales ante una propuesta de cambio en síes; entonces hemos de dedicarle tiempo a trabajar nuestra capacidad de negociación, liderazgo, resiliencia… Llegados a este punto, que ningún lector se venga abajo imaginando que debe apuntarse a cientos de cursos y a su vez dirigir o gestionar su compañía. Estas capacidades, en mayor o menor medida, nacen con nosotros, pero las circunstancias de la vida, fundamentalmente la educación y el entorno, nos llevan en muchas ocasiones a olvidarlas o a no cultivarlas.

Al igual que un deportista de alta competición o un músico consagrado se entrenan a fondo si quieren competir a nivel internacional, usted tiene que hacerlo si quiere que su empresa sea competitiva en un mercado internacional. Le adelantamos que cometerá aciertos y se equivocará en sus decisiones, pero esto es parte del juego. Usted se ha caído muchas veces y se ha levantado. Después de fracasos y escollos ha sabido recomponerse y superar los problemas. Por lo tanto, no hay que preocuparse. ¡A por ello!

Practique el ejercicio de autobiografía creativa

Para empezar, le proponemos una sencilla práctica: el ejercicio de autobiografía creativa*.

Este ejercicio lo solemos practicar en los cursos que organizamos y lo recomendamos también a las personas con su capacidad creativa bloqueada. Consiste en escribir o dibujar cómo fueron los momentos más creativos que usted considera que ha experimentado en su vida. Desde la fecha en que tenga recuerdos: en el colegio, en la familia, con los amigos. Puede llevarlo a cabo en solitario o formando parte de un equipo. Es importante describir cómo fueron esos instantes y conectarlos con las sensaciones que vivió: si fueron gratificantes o por el contrario resultaron negativos. ¿Por qué no ha tenido más momentos como estos? Es posible que al principio no recuerde ninguno, pero cuando comience a escribir seguro que le vendrán más a la mente. Podría ser que no recordara ni un solo instante creativo. En ese caso analice por qué motivo no los ha tenido. ¿Vergüenza o miedo a demostrar su creatividad ante los demás? ¿Alguien le dijo que sus ideas eran absurdas o ridículas?.

En el caso de las empresas, se trataría de contar cómo surgió su idea de negocio; cuál fue la trayectoria creativa e innovadora de sus promotores; qué productos o servicios creativos e innovadores lanzaron al mercado; qué acciones se han puesto en marcha para crear un ecosistema creativo e innovador; así como referirse a los éxitos y los fracasos para analizar, aunque no sea exhaustivamente, las causas.

El objetivo de este ejercicio es conectar con esta capacidad. Tomar conciencia de que  tenemos este potencial creativo y, en el caso de que pensemos que es pequeño o está mermado, comprobar qué lo ha bloqueado o por qué no se ha podido expresar más.

Este ejercicio no persigue el autolinchamiento, sino tratar de ser consciente.

También lo puede utilizar a la hora de reclutar a su personal creativo. Además del curriculum vitae pida la autobiografía creativa de sus candidatos.

Emprender o innovar no es tarea fácil, pero las mayores dificultades no radican tanto en la fuerte competencia, las limitaciones financieras o la propia organización. El mayor freno surge de las personas, con sus miedos al riesgo y a la incertidumbre, que bloquean la creatividad.

¡Ayúdelas a superarlos!

*Este ejercicio y otros muchos que le servirán de apoyo en su proceso de innovación e internacionalización serán publicados en un libro escrito por el CEO de Repensadores, Juan Pastor Bustamante, que será editado próximamente por el Instituto de Comercio Exterior (ICEX). Pastor hace un breve adelanto aquí.

Mientras ve la luz, le recomendamos otra lectura totalmente diferente sobre los miedos:

NoMiedo en la empresa y en la vida”, Pilar Jericó, Alienta, 2006.

¿Quién dijo miedo?

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