“Creatividad es la nueva economía”. La frase es de Richard Florida, que hace ya 10 años –el libro vio la luz en 2002- publicó “The Rise of the Creative Class: And How It’s Transforming Work, Leisure, Community, and Everyday Life”. Tras observar e investigar acerca del desarrollo económico de Estados Unidos, comprobó que ciertas empresas se movían hacia aquellos lugares en los que se concentraban las personas más capaces y creativas.

La tesis básica de Florida es que la razón principal del crecimiento económico, sobre todo en los países desarrollados, es la creatividad humana. “La habilidad para desarrollar nuevas ideas y para mejorar la forma de hacer las cosas es lo que, en última instancia, hace que aumente la productividad y los niveles de vida”, mantiene Florida.

Según sus teorías, las ciudades con mayor índice de creatividad registran a su vez una tasa de crecimiento económico más elevada, generan empleo de mayor calidad y ofrecen salarios más altos y condiciones de vida más agradables.

Hay otra serie de autores que defienden tesis similares, como John Howkins, Charles Landry, Allen J. Scott & A. C. Pratt o Joseph Pine II & James H. Gilmore.

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Así, se ha acuñado el término economía creativa para mostrar la repercusión que la creatividad tiene en el desarrollo económico de la sociedad del conocimiento, en la que ya estamos instalados, aunque no sea de lleno en todos los países.

Pero pongamos cifras al fenómeno: para la UNESCO, las industrias culturales y creativas contribuyen en torno al 3,4% del PIB mundial, y entre el 2% y el 6% del PIB de numerosas economías nacionales. En la Unión Europea ocupan a seis millones de profesionales que mueven 654.000 millones de euros al año (2,6% del PIB), con datos de 2010.

Las industrias culturales y creativas españolas representan el 4,2% del PIB, con una importancia económica superior a la de sectores básicos como la agricultura o la energía. Además, España ocupa el puesto cuarto en el ranking por países europeos del Priority Sector Report 2011 en base al volumen de empleo, con más de 625.000 trabajadores en el sector, y el veinte según el peso del empleo cultural sobre el total de la fuerza de trabajo, con un valor de 4,0%. Sólo en Madrid trabajan más de 156.000 personas en la industria creativa y cultural (datos facilitados por el Ayuntamiento de la ciudad), lo que la convierte en la cuarta metrópoli europea en este tipo de producción, solo por detrás de París, Londres y Milán.

Creatividad crucial para otras áreas de la economía

Pero la creatividad que dirige esas industrias es crucial también para muchas otras áreas de la economía. Son fuente de innovación, crean puestos de trabajo y actúan de interfaz entre las distintas actividades sectoriales. “¿Nos parece aburrido un circo convencional y nos cautiva el Circo del Sol? ¿Es lo mismo ponerse unos zapatos que vestir unos Manolo Blanik? ¿Apple Inc es tecnología o diseño? ¿Por qué generan mucho más valor añadido y felicidad que otros muchos productos aparentemente similares? La respuesta es la creatividad”, argumentan Rafael Boix y Luciana Lazzeretti en su estudio “Las industrias creativas en España: una panorámica”. Es decir, la creatividad es importante porque es la base de la innovación. Si conseguimos activar, extraer y convertir en valor esta creatividad, obtendremos una fuente inagotable y permanente de mejora continua, de desarrollo y competitividad, sin importar que la apliquemos a actividades tradicionales o a la alta tecnología.

La propia UNESCO da, además de las lógicas razones culturales a favor de este sector, una serie de argumentos económicos:

  • Aporta un gran valor agregado. Genera empleo directo e indirecto.
  • Se vislumbra gran potencial de crecimiento en los próximos años.
  • Facilita la introducción de otros tipos de productos en los mercados externos.
  • Contribuye a equilibrar la balanza de exportaciones.
  • Contribuye al desarrollo de la confianza social.
  • Permite una revalorización de marcas y productos.
  • Atrae turismo y facilita la movilidad.
  • Genera recursos sustentables a largo plazo.
  • Transforma y regenera espacios urbanos.

Un ejemplo palmario es el de Islandia. Contrariamente a la política seguida en el sur de Europa tras la catástrofe financiera, donde los recortes y las subidas de impuestos se han ensañado con la cultura, Islandia se ha volcado en el sector de las industrias creativas. Hoy la tasa de paro islandesa es del 5,7% y el país crece a un ritmo del 3%. No es casualidad que los sectores de la cultura y la creatividad islandeses empleen a más del 5% de la fuerza laboral, más que las industrias pesquera y agrícola juntas, y además generen un porcentaje del PIB superior al de la agricultura.

Otro caso distinto es Medellín (Colombia). En la década de los noventa Medellín era considerada la ciudad más violenta del mundo. Hoy ha dejado atrás ese pasado gracias a una transformación basada en una apuesta por la cultura y la creatividad. En 2012 fue nombrada la ciudad más innovadora del año (además de ser seleccionada por el National Geographic como una de las urbes mejor iluminadas para la época de Navidad).

Como en Repensadores somos unos adalides de la industria creativa, la pasión nos ciega y hemos llegado a este punto sin incluir una definición, especialmente para aquellos que nos visiten por primera vez y que no estén familiarizados con el término. La Convención de la UNESCO (2005) entiende que son las actividades que “producen y distribuyen bienes o servicios que, en el momento en el que se están creando, se considera que tienen un atributo, uso o fin específico que incorpora o transmite expresiones culturales, con independencia del valor comercial que puedan tener. Además de los tradicionales sectores artísticos (artes escénicas y visuales, o patrimonio cultural, incluido el sector público), también abarcan el cine, el sector del DVD y el vídeo, la televisión y la radio, los juegos de vídeo, los nuevos medios de comunicación, la música, los libros y la prensa”.

En Repensadores creemos que es mucho más acertada la que propone Nesta -una organización no lucrativa independiente que trabaja para promover la innovación en el Reino Unido- en “A manifesto for creative economy”, que incluye aquellos sectores que están especializados en el uso del talento creativo con propósitos comerciales, que abarcarían campos como publicidad, arquitectura, artes y antigüedades, artesanía, diseño, moda, cine, software interactivo de ocio, música, artes escénicas, edición, servicios de software y hardware, y radio y televisión.

Todos estos sectores han seguido creciendo en un escenario de crisis. No es nuestro objetivo tratar de convencer de una clara tendencia mundial: podemos hablar de hechos y no de suposiciones. Simplemente, y parafraseando a Juan Pastor Bustamante, queremos llamar la atención para no perder más tiempo y reclamar una apuesta de calado para un sector que solo puede aportar magníficas noticias a la economía de nuestro país, a la creación de empleo y al cambio de modelo económico. No perdamos más tiempo y pongámonos a generar valor creativo.

Post-post: Después de escribir este post, llegó a nuestras manos un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulado “La economía naranja: una oportunidad infinita”, que trata de explicar también qué es la economía creativa y por qué es tan importante. No hemos podido analizarlo en detalle, ¿nos ayudáis con vuestras opiniones? Recordad que estamos en @esrepensadores. ¡Gracias!

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