En un post de la web amiga Neuronilla hemos leído una cita de Gary Hamel, uno de los principales referentes mundiales de la gestión y la estrategia, autor de “El futuro del management”, que para Repensadores es clave: “La innovación sigue una ley exponencial: por cada 1000 ideas descabelladas solo 100 merecerán que se experimente con ellas. De estas 100, no más de 10 serán dignas de inversión significativa y solo 2 ó 3 producirán finalmente beneficios”. El propio Hamel recomienda reservar “el 10% del tiempo del personal para proyectos que de otro modo quedarían fuera del presupuesto” porque “si alguien no parece creativo en el trabajo, no es por falta de imaginación, sino de oportunidades”.

Y añade: “Lo peor es que los ejecutivos sénior, con sus visiones dogmáticas, suelen ser los que deciden qué ideas se ponen en marcha y cuales se bloquean. Eso tiene que cambiar”.

Si no hay ideas, por locas que parezcan, no habrá innovación. Es la estrategia del volumen: producir el máximo de ideas posibles para incrementar las probabilidades de éxito. Pero las empresas y organizaciones encuentran serias dificultades para ir más allá del simple buzón de sugerencias y poner en marcha herramientas o canales que posibiliten la generación y comunicación de las ideas (locas o sensatas).

¿Qué pasa si a un empleado se le ocurre una idea realmente innovadora? ¿Se pierde esa idea? ¿La gente debe dar muchas ideas? ¿Cómo conseguirlo?

No nos cansaremos de insistir en la importancia de un ambiente favorable a la creatividad: con incentivos, tolerancia al error, diálogo en el equipo, espacio para compartir y dar sugerencias, reconocimiento de la contribución y aprovechamiento de las sinergias. Es posible contar con individuos creativos en una empresa, pero si no se facilita el entorno adecuado, no se estará sacando todo el partido a su potencial.

Un sistema de recogida de ideas

Pero recordemos que, tal y como dice Steven Johnson en ¿De dónde vienen las buenas ideas?”, estas llegan a los cafés antes que a los laboratorios, a los barrios céntricos antes que a las casas aisladas y a las salas de reunión antes que a los despachos del último piso. Así que, una vez tenemos ese entorno favorable, ¿cómo comunicamos las ideas que hemos generado en él? Necesitamos un sistema de recogida de ideas.

Este debe responder a tres características generales:

1. Registro sencillo, sin complicada burocracia.
2. Todas las ideas han de ser contestadas. Nada hay más desalentador que proponer y obtener el silencio por respuesta.
3. Premiar a los empleados por sus propuestas.

La web 2.0 ofrece un sinfín (yo diría que hasta una marabunta) de herramientas y aplicaciones (podemos llamarlas ideágoras) que sirven para crear entornos virtuales, o espacios de comunicación, que permiten el intercambio de información y posibilitan la creación de un contexto compartido de trabajo, aprendizaje y creatividad. Sirven, además, para realizar el seguimiento de tareas y facilitar el análisis y valoración de resultados.

No se trata de un simple (y algo anticuado) buzón de sugerencias -como el que vemos en la fotografía- que se leen por encima pero que no se implementan, sino que las ideas tienen que ir acompañadas de cierto desarrollo: cómo se podrían llevar a la práctica, por qué se deberían poner en marcha, qué beneficios se obtendrían con ellas. Los empleados rellenan un formulario para introducir su idea en el sistema o ideágora y queda a disposición del resto de usuarios, que pueden verla, comentarla, votarla o incluso añadir cambios que la mejoren.

Citaré aquí algunas de estas herramientas, pero solo a modo de ejemplo, porque son muy numerosas y surgen novedades casi a diario, lo que hace casi imposible la tarea de selección. Sugiero que acudáis a blogs especializados que estén al día en esta materia. Es muy recomendable practicar con alguna de las siguientes: Dropbox, Box, Yammer, Meetin.gs, wiki interna, Freemind, Spigit, Hominex, Bright Idea, Ideascale o Google Drive.

La generación y registro de ideas es una obligación para cualquier organización que quiera ser innovadora. Si no habéis comenzado aún a gestionar este aspecto en vuestra empresa, no perdáis más tiempo y empezad hoy mismo. ¡A por ello!

Y si preferís dejaros guiar por especialistas, no olvidéis que en Repensadores contamos con un equipo preparado y experimentado para ayudaros a potenciar vuestra creatividad empresarial y a ¡comunicarla!.

Nota: La fotografía que ilustra este post procede de Wikimedia y en ella puede verse a una mujer dejando su propuesta en el buzón de sugerencias de una fábrica de H. J. Heinz en Estados Unidos (hacia 1909).

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