En Nueva York existe una orquesta de cámara que practica una innovadora fórmula: no tiene director. Cualquiera de sus integrantes puede ser el jefe. Orpheus, que así se denomina, ha roto un esquema de funcionamiento –basado en directores de batuta- con siglos de existencia para trabajar de un modo que ha llevado a The New York Times a afirmar que “la democracia es instrumental” al referirse a ella.

La propia orquesta explica el origen de su rompedor método en la revista Diners: “Así fuimos diseñando un sistema muy coordinado de rotación de liderazgo que llamamos el core system, que significa que para cada pieza de un concierto hay un grupo de líderes que ensayan separadamente del resto del ensamble y toma muchas de las decisiones importantes. Luego en el ensayo toda la orquesta se involucra, pero es ese grupo el que toma la responsabilidad de la obra. Para la siguiente obra sucede lo mismo, pero con otro grupo de líderes. Así todos son líderes del grupo, y también se acaba con el caos [risas]”.

Los músicos de Orpheus (Fuente: www.orpheusnyc.com)

Los músicos de Orpheus (Fuente: www.orpheusnyc.com)

 

Este método de autogobierno y liderazgo compartido ha convertido a Orpheus en mucho más que un grupo de músicos virtuosos. Es una métafora del cambio que se está dando en las organizaciones y, por ello, ha acaparado también la atención del mundo de la gestión y la empresa.

Leyendo artículos sobre esta orquesta, que ha sido objeto de una publicación, “Leadership Ensemble”, nos ha gustado especialmente una frase de su autor, Harvey Seifter: “La gran música no brota de la batuta de un director. Fluye de los corazones, las mentes y el alma musical de los intérpretes que brindan al auditorio la visión de un compositor”. Y nos atrae porque, de una forma metafórica, nos adentra en nuestro propio concepto del liderazgo creativo, que es el tema que nos gustaría abordar en este post.

El concepto de liderazgo ha variado bastante en el mundo empresarial en los últimos años y si pensamos en una empresa que quiere ser creativa e innovadora, todavía más. El liderazgo basado en la obediencia ciega ya no funciona. “Tenemos que encontrar nuevas formas de motivarlos, de evaluarlos y premiarlos, de formarlos, inspirarlos y dirigirlos”, nos dicen Nordström y Ridderstrale, autores del muy recomendable “Funky Business Forever”, para referirse a lo que un líder debería hacer con compañeros, jefes, subordinados y, nosotros añadiríamos, con proveedores y clientes.

Quienes estén al frente de empresas u organizaciones no han de pensar sólo en ser empleadores, sino también en contribuir al desarrollo personal y profesional de sus colaboradores. Esto es para Repensadores una de las claves del liderazgo creativo, pensar en la persona creativa que hay en cada trabajador.

El líder creativo tiene que ser un gran facilitador para que compañeros, jefes, subordinados, proveedores y clientes puedan mostrar sus ideas. Crear las condiciones para que sean escuchadas, respetadas y valoradas. Nos atrevemos a afirmar que debe escuchar más que hablar, tiene que actuar como imán que atraiga la creatividad y el talento tanto interno como externo. Muchas veces descubrir este talento interno es lo más complicado, por la tendencia natural a clasificar y etiquetar.

El ordeno y mando es incompatible con una empresa realmente innovadora. Esto no quiere decir que no sea necesario un liderazgo y que deba predominar el dejar hacer lo que cada uno quiera sin criterio ni norma alguna. Es una visión distorsionada que muchas veces se transmite sobre los entornos creativos y que hace que muchos empresarios y directivos tengan reparos a la hora de apostar decididamente por la creatividad. Al contrario, las empresas creativas necesitan líderes fuertes, pero que ejerzan este liderazgo de una forma distinta. Con normas, pero consensuadas, conciliadoras y basadas en la confianza.

Por lo tanto, el liderazgo creativo trata de orientar y no de mandar; trata de gestionar el caos y no centrarse sólo en poner orden; trata de cuidar que los valores y la visión no se pierdan por los resultados cortoplacistas; trata de entender lo que pasa en el mundo y no quedar atrapado por el día a día de la empresa; trata de ser un comunicador y no un adoctrinador; y trata fundamentalmente de dar confianza ante el riesgo y no ser un juez que castiga el error.

Intuimos que, si ha leído hasta aquí, empezará a preocuparle no estar a la altura Tranquilo, el líder creativo no tiene que ser un súper hombre o súper mujer. Él o ella tienen la capacidad de ver, pero no tienen por qué saber desarrollar la visión; por eso es tan importante que cuiden al equipo y adopten ese papel de facilitadores. Creer que debe hacerlo todo es un mal muy frecuente del empresario o líder, que condiciona su crecimiento. Piense en los mejores productos o servicios que conozca y comprobará que todos son una creación colectiva. Los mejores equipos permiten que, en función del momento del desarrollo del producto o del servicio en que se está, el mejor y el más apto asuma el liderazgo. Unos tienen la visión, otros la desarrollan y otros la venden. Algo similar a la forma de organizarse en Orpheus.

Para concluir el post, recomendamos a los líderes creativos cultivar una última cualidad: humbición (humildad combinada con ambición), la habilidad de admitir que todo el crédito no es de uno, sino de la colaboración de personas inteligentes con buenas ideas.

Nota: Dedicamos este post a un líder creativo e inspirador que ha fallecido recientemente, Nelson Mandela.

Recuerda que para ayudarte a ser un líder creativo, en Repensadores contamos con el equipo y la experiencia necesarios. No dudes en pedirnos información en info@repensadores.es.

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