Vivimos una explosión de start-up. Una miríada de empresas tecnológicas emergentes que ofrecen una asombrosa variedad de servicios y productos innovadores, penetrando en cada rincón de la economía. Están obligando a reestructurar sectores enteros e incluso cambiando la esencia misma de ciertos negocios. Linkedin ha transformado el sector de la selección y contratación de personal. Airbnb afecta a los cimientos de la industria hotelera. Y Uber está haciendo lo mismo con los taxis. WhatsApp acabó de un plumazo con el negocio de los SMS de las operadoras de telefonía. “El software se está comiendo el mundo”, como dice Marc Andreessen, un inversor de Silicon Valley.

En España, Javier Megías, que asesora a start-up e inversores acerca de cómo diseñar y ejecutar sus modelos de negocio, y el ingeniero informático Nacho Ormeño han creado un mapa online que sitúa sobre el territorio español todas las start-up en marcha: 1.614, según sus datos.

Mapa de start-up en España

Mapa de start-up En España (Fuente: www.spainstartupmap.com)

 

No somos gurús ni adivinos, así que no vamos a tratar de predecir si habrá o no una nueva burbuja como la de las empresas .com en los 90, que surgieron a raíz de la eclosión de internet, para terminar cerrando o siendo compradas por otras más grandes (si sientes curiosidad, puedes leer este reportaje de Business Insider sobre algunos de los protagonistas de aquella explosión y qué hacen en la actualidad).

Vamos a referirnos a algunas de las razones –quizá un poco deshilvanadas- que pueden explicar en parte este estallido de ideas creativas en forma de start-up.

  1. Tecnología barata. Las tecnologías de producción que utilizan las start-up son más maduras, baratas y ubicuas que en los 90. Muchas recurren a fragmentos de código accesibles en la red gratuitamente, así como a lenguajes de programación fáciles de aprender (como Ruby on Rails). Hay servicios online para encontrar desarrolladores, compartir código y testar la usabilidad de un producto. Aplicaciones que permiten ser combinadas para poner en marcha ideas nuevas y plataformas para lanzarlas al mercado. Internet es rápido, universal (o casi) e inalámbrico. Las prestaciones en la nube no hacen sino facilitar las cosas aún más. La suma de todo ello supone una infraestructura brutal al servicio de los innovadores más creativos.
  2. Inventa tu propio puesto de trabajo. Los cambios sociales y económicos han dado un mayor impulso a las start-up. La prolongada crisis económica que comenzó en 2008 ha provocado que muchos millennials –los nacidos desde principios de los 80- hayan perdido la esperanza de encontrar un trabajo convencional, así que les parece lógico trabajar por cuenta propia y/o unirse a una empresa emergente. Muchos de estos jóvenes ni siquiera muestran interés por los empleos tradicionales. Conocen las experiencias de otros lugares y quieren probar. Vivimos también un cambio cultural en este sentido.
  3. Vuelta a la ciudad. Paralelamente y de forma global, las start-up forman parte de un nuevo movimiento de vuelta a la ciudad. Los jóvenes dejan los suburbios para instalarse en áreas céntricas de moda que se convierten en espacios fértiles para estos negocios tecnológicos. Aunque quizá este fenómeno no sea tan palpable en España. Richard Florida, que ha analizado a fondo el fenómeno de las ciudades creativas, aborda el caso concreto de las start-up en este artículo de The Atlantic.
  4. Equipo primero, después la idea. En el pasado, las start-up nacían con una idea para un nuevo producto. Ese era el argumento más extendido. Hoy es muy frecuente que en primer lugar se cree el equipo, muy a menudo formado por dos personas con habilidades complementarias que probablemente se conocen al dedillo. Estos “fundadores” (un término que se emplea más que el de emprendedor en el mundo de las empresas emergentes) trabajan sobre varias ideas de negocio antes de acertar con la buena.
  5. Aceleradoras. Nadie sabe su número exacto, pero f6s.com, una web que ofrece servicios para aceleradoras, cifra en más de 2.000 la cantidad programas de apoyo a start-ups a nivel mundial. Estos centros (en esencia, academias para empresas emergentes) se han convertido en marcas en sí mismas (Y Combinator), han establecido redes internacionales (Startupbootcamp), son financiadas por gobiernos (Startup Chile) o por grandes compañías (Telefónica dispone de una cadena de 14 aceleradoras repartidas por medio mundo). Las incubadoras cumplen una función esencial: ponen en marcha las start-up, introducen a sus fundadores en su red de contactos y les dan una especie de sello de aprobación. Pero su función más importante es la de conectar aquellas ideas y equipos con más probabilidades de éxito con los inversores. En ciertos casos, los emprendedores reciben un “salario” por asistir al programa de la incubadora y, a cambio, ceden un porcentaje de las acciones. En España, funcionan 66 aceleradoras, según el mapa de Megías y Ormeño.
  6. Ecosistemas apropiados. Las incubadoras solas no aseguran el éxito. Se necesita un ecosistema más amplio para que una start-up progrese. Algunos los comparan con la idea de empresas desintegradas, en las que el departamento financiero ha sido sustituido por fondos de capital riesgo, el área legal por bufetes de abogados, la división de I+D+i por las universidades y los responsables de comunicación por agencias especializadas. Silicon Valley fue el primer ecosistema que funcionó como tal: una red independiente de respaldo a las start-up que hace la labor que antiguamente desempeñaban los departamentos corporativos. Hoy incluso Amman (Jordania) cuenta con un ecosistema apto para la incubación de unos pocos centenares de start-up y Singapur compite con la colonia californiana. Startup Ecosystem Report 2012  es un concienzudo análisis de los ecosistemas de start-up más influyentes que han llevado a cabo Telefónica Digital y Startup Genome.

En Repensadores también ayudamos a muchos emprendedores (incluidas start-up) a sacar adelante sus proyectos, así que nos gustaría conocer vuestras opiniones sobre este estallido. Si queréis, continuamos la conversación en Twitter, donde nos encontraréis como @esrepensadores. ¿Debatimos?

Comparte!