El concepto de I+D+i parece que no cuaja, pese a que en todos los foros se insiste sobre su importancia para que nuestras empresas y la economía del país sean más competitivas. Vincular la apuesta por la Innovación a la buena o mala marcha de la economía es un error muy frecuente en los países poco innovadores. Pero más que un problema de inversión o de recortes, el reto es transformar un modelo que no funciona como debería.

Creatividad x Innovación

En España tenemos pocas empresas innovadoras reconocidas internacionalmente y tampoco somos un país que sea percibido como innovador. Sólo encontramos una empresa española, la farmacéutica Grifols, en el ranking de las 100 empresas más innovadoras del mundo que publica Forbes. En el Barómetro Global de la Innovación 2013, que entrevista a directivos de todo el mundo para determinar qué países cuentan con mayor reputación en Innovación, España no aparece entre los 25 primeros y sí lo hacen Turquía o Tailandia. En el Global Innovation Index 2013, nuestro país ocupa el puesto 26. Mientras tanto, para el Banco Mundial, fuimos la decimotercera economía del mundo según su Producto Interior Bruto (PIB) en 2012. Estos datos deberían hacernos reflexionar sobre un hecho: nuestro problema no sólo es de inversión, sino también de estrategia empresarial y pública.

Vivimos en un momento en el que es más constructivo plantear propuestas que quedarnos en la mera crítica o queja. A continuación desarrollaremos dos aportaciones de Repensadores que están orientadas a impulsar la Innovación empresarial en las pymes, un sector que representa el 98% de nuestro tejido empresarial y que muy bien puede ser el catalizador de la transformación del sistema de Innovación.  Las propuestas son las siguientes:

  • Separar la Innovación del sistema nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i). Conseguiríamos que más pymes innovadoras entraran en el sistema.
  • La Innovación que pueden implementar todos los empresarios de este país es el producto de multiplicar creatividad por Innovación (Creatividad x Innovación), independientemente del tamaño de la empresa y el sector. Esta Innovación puede estar vinculada o no al proceso de I+D.

Separar la Innovación del sistema nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i)

Después de colaborar estrechamente con cientos de organizaciones para incorporar la Innovación en su trabajo, hemos comprobado repetidamente que la idea de I+D+i produce incredulidad entre la gran mayoría de los empresarios y empresarias de pymes. La perciben  como un concepto creado por la Administración, lejano de la realidad de sus empresas, demasiado abstracto, complejo, burocratizado y artificial. Y tienen toda la razón en lo de artificial, porque es un término que utilizamos fundamentalmente en España y en algunos países de habla hispana, pero no es un concepto global. Los países más innovadores del mundo hablan por un lado de Investigación + Desarrollo (I+D) – R+D en inglés -, y, por otro, de Innovación en mayúscula y no en minúscula. Se puede hacer ciencia o I+D sin necesidad de innovar y no toda la Innovación sale de procesos de I+D. ¿Por qué no aprendemos de la experiencia de los países donde funciona mejor la Innovación y separamos definitivamente la I+D de la Innovación?

La fuente de la que nace toda Innovación está basada en el sistema de ciencia que se genera desde organismos públicos, universidades, empresas y fundaciones públicas o privadas. La incorporación del hidrógeno a la gastronomía que introduce un chef, las aplicaciones basadas en el geoposicionamiento que desarrolla un emprendedor tecnológico o la utilización de plástico reciclado que hace un empresario para la producción de ropa tienen un enorme esfuerzo científico detrás que el empresario pone en valor y el consumidor aprovecha. Es importante que los ciudadanos no olviden esta espiral virtuosa de la Innovación, porque parte del dinero que pagan por el producto o servicio a las empresas, estas lo invierten en seguir innovando.

La ciencia es estratégica para la economía de una nación. No se debe externalizar ni deslocalizar porque se pierde el control, así como la oportunidad de inventar e innovar incrementalmente desarrollos propios o de terceros, y por lo tanto de aportar y capturar valor en la economía global. En los ecosistemas más creativos e innovadores del mundo conviven e interaccionan de forma natural científicos (I+D) junto a emprendedores y empresarios (i). Los empresarios innovadores se vinculan a universidades, centros de investigación, pero no tienen por qué ser investigadores. Tampoco hay que forzar a los científicos a ser empresarios. Cada uno debe hacer lo que mejor sabe hacer. Por lo tanto, la Investigación + Desarrollo ha de estar conectada con la Innovación, pero no tiene necesariamente que estar unida a ella.

El modelo de empresa innovadora que pueden implementar todos los empresarios de este país es el producto de multiplicar Creatividad x Innovación (c x i), independientemente del tamaño de la empresa y del sector

Muchos empresarios y emprendedores, si se nos permite la metáfora deportiva, quieren ser competitivos, ponerse en forma y sacar músculo para competir en los mercados. Pero para empezar a estar en forma no necesitan hacer un entrenamiento como si fueran a competir en las olimpiadas. Si se entrenan solos, sin el apoyo de un especialista, las posibilidades de que se lesionen y de que abandonen el entrenamiento son altas. Pues bien, para muchos emprendedores y empresarios la I+D+i es como prepararse para las olimpiadas, sin entrenador, pagando por ello y con dedicación extra. Todo este sumatorio de retos hace que la mayoría de ellos desista, considere la I+D+i más como un gasto que como una inversión, y cuestione su utilidad en época de turbulencias económicas. Piensan que la I+D+i, tal cual está planteada, les despista de su labor empresarial y además presienten que los beneficios, si llegan, lo harán en el largo plazo y con mucha burocracia de por medio. Para micropymes y pymes el largo plazo es una hipótesis, no un hecho, y este tipo de empresa se mueve en el territorio de los hechos (vendo/abro/contrato o no vendo/cierro/despido).

Cualquier emprendedor, cuando inicia su proyecto apostando por la Innovación, da igual en qué sector, empieza por diferenciarse y buscar la singularidad haciendo algo nuevo o mejorando un producto o servicio que ya existe. Crea una propuesta, ya sea gastronómica, tecnológica o turística, por lo menos diferente a la que ofrece el mercado. Una vez que se internan en la dinámica creativa e innovadora, se dan cuenta de que necesitan estar generando productos y servicios cada vez más singulares y difícilmente copiables por la competencia, y ellos mismos acaban involucrándose en procesos de I+D o colaborando con científicos y tecnólogos. Es el proceso evolutivo y natural de la mayoría de los emprendedores. Son reconocidos como innovadores, lo que les motiva a querer mantenerse como tales dentro de su sector. Saben que, para conseguirlo, ellos mismos y sus equipos han de entrenar su músculo creativo.

La I+D que sí hacen de forma natural la gran mayoría de los empresarios cuando empiezan es la que podemos denominar Improvisación + Desparpajo.  Un concepto que escuché por primera vez a un alumno de mis cursos en un debate sobre las razones que impiden a las empresas innovar. La improvisación ha sido la base del éxito de muchos de nuestros empresarios. Y es un atributo al que deberíamos conferir más valor, aunque no lo hagamos porque forma parte de nuestra cultura y no le damos la importancia que merece. Lo que nosotros llamamos chapuza, para los anglosajones es un prototipo. Lo que para nosotros es enredar,  para los anglosajones es experimentar. Poner en valor estos procesos naturales, casi intuitivos, enraizados en nuestra cultura, es la base para que nuestras empresas y nuestro país sean más innovadores.

De la improvisación y el desparpajo se pasa a la creatividad, que no solo significa producir ideas nuevas sino también resolver problemas de forma novedosa. Cuando la creatividad pasa de ser algo esporádico a un fenómeno recurrente, entonces hablamos de organizaciones creativas. Las empresas creativas se dan en cualquier sector de actividad, además del que denominamos creativo (moda, publicidad, diseño..). Las empresas innovadoras tampoco deben pertenecer necesariamente al campo de la tecnología. Un comercio o un hotel pueden ser muy innovadores, y emplear tecnología para ello, pero no tienen por qué ser empresas de base tecnológica.

Por esta razón, proponemos incorporar el concepto Creatividad x Innovación a la cultura de las empresas. Y queremos planteárselo directamente a los emprendedores y empresarios porque activar este proceso depende exclusivamente de ellos. La decisión de generar ideas nuevas originales y diferenciadoras siempre la toma el emprendedor. Que esas ideas no se queden únicamente en un chispazo inicial sino que formen parte del flujo sanguíneo diario de una empresa también depende de los promotores de un proyecto. La improvisación, el desparpajo y la creatividad son procesos naturales que pueden perfeccionarse a través del conocimiento y el entrenamiento. Como solemos recomendar a los emprendedores y empresarios con los que trabajamos: tú preocúpate de ser creativo y liderar ese reto porque eso depende de ti, pero ser innovador depende del mercado.

Puedo afirmar sin lugar a dudas que el orden de los factores no altera el producto. Una empresa que genera cotidianamente ideas y resuelve problemas de forma original acabará siendo innovadora y una empresa innovadora que surge de un proceso de I+D necesita de la creatividad cotidiana para mantenerse.

Nuestro sistema de Innovación podría ser robusto y crecer exponencialmente con una base solida de I+D sobre la que las empresas generen C x I. La entrada de las pymes en el sistema de Innovación debe ser más sencilla, desburocratizada y adaptada a nuestra idiosincrasia. Si cada día contamos con más empresas innovadoras que compitan en el mercado global, nos posicionaremos como la referencia en Innovación que por el tamaño de nuestra economía deberíamos ser.

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