Uber y Airbnb son la punta de lanza mediática, pero en el directorio global de www.meshing.it, creado por Lisa Gansky (autora de “La malla”) hay inscritas más de 9.000 empresas instaladas en 130 países. Han puesto en pie de guerra al colectivo de taxistas de media Europa y al lobby hotelero. Es la economía colaborativa, traducción libre de la expresión inglesa sharing economy, o economía P2P (de persona a persona). Etiquetada por la revista Time como una de las diez ideas que cambiarán el siglo XXI, crece a buen ritmo y en Europa ha despertado la simpatía de las autoridades comunitarias, como la comisaria de Agenda Digital Neelie Kroes.

economía colaborativa sharing economy

Paradójicamente, el movimiento no tiene una definición compartida, aunque existe un común denominador en sus empresas: utilizan la tecnología a su alcance (especialmente móvil) para poner en contacto a personas que disponen de activos ociosos o infrautilizados con personas que necesitan hacer uso de ellos. Desde coches (Blablacar) a viviendas (Airbnb), pasando por dinero (Kickstarter) o el cuidado de mascotas (HostalDog).

Gansky (“La malla”, 2010) define cuatro rasgos que caracterizan a lo que ella denomina empresas malla:

  1. Ofrecen algo que se pueda compartir, en una comunidad, mercado o cadena de valor, como productos, servicios y materias primas.
  2. Se utilizan redes de datos móviles e internet avanzado para seguir los productos y agregar información de uso, clientes y producto.
  3. Se centran en bienes físicos que se puedan compartir, incluidos los materiales utilizados, lo cual supone que la entrega local de servicios y productos (y su recuperación) sea valiosa y oportuna.
  4. Las ofertas, noticias y recomendaciones se transmiten en gran parte de boca a boca, amplificado por los servicios de las redes sociales.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) calcula que la economía colaborativa tiene un potencial de 110.000 millones de dólares. En 2013, Forbes estimaba que supondría un mercado de 35.000 millones de dólares, con un crecimiento del 25% ese mismo año.

Ejemplos perfectos de destrucción creativa

Los defensores de la economía colaborativa ven en Blablacar, Airbnib y Uber ejemplos perfectos de destrucción creativa. Para sus más acérrimos detractores incurren en competencia desleal y se enriquecen al calor de la economía sumergida, especialmente en países castigados por la crisis económica, como España. Otros critican el modelo de negocio, que favorece la evasión de impuestos y perjudica la recaudación fiscal. Los sectores económicos más virulentos son los que ven amenazada su posición de privilegio y se han lanzado a la calle para reclamar una regulación.

Una normativa que la Unión Europea no parece dispuesta a impulsar. La comisaria Kroes ha dicho: “no podemos enfrentarnos a los nuevos desafíos ignorándolos, yendo a la huelga o intentando prohibir las innovaciones”. La comisaria ha recordado la necesidad que tiene Europa de emprendedores, “personas que nos agiten y creen empleos y crecimiento en el proceso”. “Si no usamos la tecnología digital, millones de trabajos se trasladarán a otro sitio y los europeos se sentirán contrariados porque se les nieguen las ventajas que disfrutarán los habitantes de Asia, Australia, América o África”, ha sentenciado la comisaria europea.

Es arriesgado aventurar cómo quedará el mercado, pero lo que quizá conviene repensar es que la economía colaborativa no es sólo una nueva forma de llevar a cabo transacciones comerciales. Es una innovadora manera de enfrentarse al consumo, en el que las personas no son consumidores pasivos, sino participantes activos. Los millenials (entre 16 y 34 años) son los grandes protagonistas de este cambio.

Quizá los sectores tradicionales, en lugar de empecinarse en una lucha muy poco innovadora y menos creativa, debieran abrir los ojos y cambiar su estrategia de negocio para prepararse ante la disruptiva marea de la economía colaborativa. Comprender su funcionamiento para aprovechar las oportunidades que ofrece, sobrevivir y seguir teniendo éxito.

Unas poquitas empresas ya lo han hecho, como Patagonia que, en alianza con Ebay, ha creado un marketplace de segunda mano; GE, que lleva a cabo iniciativas de innovación colaborativa con Quirky; la cadena farmacéutica Walgreens, que ha llegado a un acuerdo con Taskrabbit para el reparto de medicinas sin prescripción; BMW, que alquila coches eléctricos de la serie 1; o el neoyorkino W Hotel, que ofrece acceso a sus lujosos espacios de coworking a través de Desks Near Me.

Para saber más sobre la economía colaborativa:

Si te gusta este post, compártelo ¡Gracias!

Comparte!