En creatividad, el momento de la evaluación de las ideas requiere de un tratamiento específico, ya que es muy importante determinar cuándo evaluamos, quiénes evalúan y cómo evaluamos para que realmente generemos creatividad. Se trata de un momento emocionalmente difícil, ya que si hemos estado involucrados en el proceso, elegir es muy complicado y, si sólo estamos involucrados en la evaluación, la responsabilidad junto al deseo de acertar con la idea adecuada nos puede generar mucha confusión. Una vez que ha surgido una idea, hay que validarla para asegurar que sea adecuada, y no conviene saltarse este paso por las prisas de querer poner en marcha las propuestas. Es importante considerar que la evaluación no sólo es verbal; también con nuestra comunicación no verbal estamos evaluando. Cuando trabajamos en grupo, no nos olvidemos de este detalle, ya que un gesto de reprobación o de duda puede bloquear el proceso de evaluación.

3 consejos para la evaluación de ideas

  • ¿Cuándo evaluamos? Siempre en un momento posterior al de la producción de ideas. Es lo que en creatividad se denomina evaluación diferida. No podemos mezclar los dos momentos. Normalmente solemos intercalarlos y en este caso la combinación no es buena. Es importante tener claro que la evaluación puede repetirse las veces que sea necesario y que una idea elegida en un momento puede no serlo unos días más tarde o con unos criterios de evaluación distintos. Las buenas ideas necesitan reposarse.
  • ¿Quiénes evalúan? Pueden ser las personas que producen las ideas u otras distintas dependiendo de la configuración del grupo. Si es un equipo al que hemos invitado a personas ajenas a la empresa o a personal de la propia empresa pero que no tiene que ver con el foco creativo, lo ideal es que la evaluación la realice un grupo de expertos más limitado. Aunque siempre está bien que se concluya la sesión de producción de ideas con una mínima valoración. Si el grupo está formado por gente del equipo y todos podrían evaluar, en ese caso elegir la opción más operativa. Aunque todos realicen una evaluación inicial, seleccionar un grupo que haga el examen más pormenorizado. También podemos contratar a un consultor externo para que haga la evaluación, pero siempre habrá alguien de nuestro equipo involucrado en el proceso, porque si no hay bastantes probabilidades de que las ideas seleccionadas sean menos tenidas en cuenta por el equipo y la dirección. Al igual que en la producción, en la evaluación sigue siendo necesaria la figura del facilitador.
  • ¿Cómo evaluar las ideas? En webs de creatividad como www.neuronilla.com o en otros libros especializados puede encontrar detalles sobre fórmulas o herramientas, como el análisis DAFO, el método Walt Disney, criterios de evaluación, o la experiencia piloto o prototipado. Lo importante es elegir una o dos que sean las más adecuadas en función del objetivo creativo que quiera alcanzar. Es recomendable registrar el proceso de evaluación también por escrito, audio o el procedimiento que decidamos; así, en el caso de que existan ideas que no funcionen en la práctica o en la implementación, no tendremos que reanudar todo el proceso desde el principio.

Nuestra herramienta preferida es una técnica sencilla y de mucha utilidad para la realización de un primer filtraje tras una generación de ideas.

Consiste en lo siguiente. Se leen todas las ideas obtenidas y el facilitador pide a los distintos participantes que señalen aquellas que les gustan por su aplicabilidad o por su potencial creativo. Posteriormente se examinan las seleccionadas. Se pueden hacer varias rondas de cribas hasta seleccionar un número manejable de ideas (hasta 8, por ejemplo).

Para los focos creativos en los que sólo puede quedar una idea o para aquellos que no tienen mucha relevancia, en muchas ocasiones con esta técnica será suficiente para realizar una selección completa.

Puedes encontrar más información sobre la evaluación de ideas en el libro “Creatividad e innovación, factores clave para la gestión e internacionalización”.

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