Reebok debuta en el sector turístico con viajes de aventura”. “Tecnología de McLaren salva vida de niños en Inglaterra”. Una incubadora low cost hecha de piezas de automóviles Toyota. Conexiones improbables entre artistas y empresas. Estos casos suenan extraños, pero no deberían serlo, porque como afirma Frans Johansson en su obra de referencia “El Efecto Medici” (2006), “mientras más diferentes sean las partes que se combinan, más oportunidades de innovación habrá”. Todos son ejemplos de productos o servicios surgidos como resultado de la hibridación en innovación.

hibridación para innovar

La Real Academia Española de la Lengua define híbrido como:

adj. Se dice de todo lo que es producto de elementos de distinta naturaleza.

Y es una definición que nos sirve perfectamente como punto de partida, porque la hibridación en innovación sucede si, como afirma el estudio “Economía de la hibridación” (publicado por la Escuela de Organización Industrial), se da lo siguiente: “se ponen a trabajar juntas a dos personas de la misma disciplina, se estarán sumando conocimientos, frente a la opción que combina a dos personas de diferentes disciplinas, que más que `sumar´ lo que se está haciendo es `multiplicar´ las probabilidades de que el resultado del trabajo conjunto sea innovador”. En el blog de este proyecto encontrarás muchos otros casos de hibridación en innovación explicados con detalle, todos ellos de carácter nacional.

Steven Johnson, autor de “Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación”, abona esta idea. “Tiene que ver con el ambiente y lo he comenzado a llamar la `red líquida´, donde confluyen muchas ideas diferentes distintas procedencias, distintos intereses, que se empujan y rebotan mutuamente; ese ambiente es, de hecho, el caldo de cultivo de la innovación”, explica en una conferencia TED de las muchas que ha dado por el mundo.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo deberíamos actuar dentro de las empresas para crear ese caldo de cultivo? Os damos algunas sugerencias para fomentar la hibridación en innovación:

  • Cambiar actitudes: olvidémonos de corporativismos estériles y de compartimentos estancos. Mezclémonos.
  • Entrenar a hibridadores: si contamos en nuestra organización con personas que se interesan por disciplinas y campos de conocimiento dispares, formémoslas para que sean capaces de tender puentes entre los distintos profesionales con sus propios lenguajes.
  • Cultivemos la creatividad: aprendamos a mirar las cosas al revés, a pensar de forma no convencional, a desaprender para volver a aprender, a conocer gente nueva con perfiles rarunos y a desarrollar habilidades para conectar ideas.
  • Seamos polivalentes: si estudiamos más de una carrera de campos lo más ajenos posible, o diversificamos nuestra formación, o promovemos la movilidad profesional, estaremos contribuyendo a crear ese caldo de cultivo.
  • Perdamos el tiempo: si disfrutamos de experiencias que no tiene una finalidad concreta, “perdiendo el tiempo” y adoptando la visión renacentista de la época de los Medici, acabaremos por explorar territorios poco comunes que nos pueden llevar a esas conexiones improbables inesperadas.
  • Conectémonos con personas diferentes: para lograr esas combinaciones disruptivas es preciso dedicar tiempo a conocer personas interesantes con conocimientos dispares. “La diversidad de mentes, de disciplinas y de conocimientos potencian el florecimiento de ideas”, dice el argentino Álvaro Rolón, autor de “La creatividad develada” y compañero de estudios de Frans Johansson.

Para ir acabando, insistiremos en que el mero encuentro de saberes no constituye una integración multidisciplinar, sino que requiere métodos que canalicen el diálogo y la creatividad y se necesitan también facilitadores que hagan de “conectores”.

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