Poner sus ideas en el mercado. Parece fácil pero no lo es. Fácil de decir, muy difícil de lograr. Ese debería ser nuestro objetivo, eso es innovar. La última fase, el esprín final, los últimos 10 metros de toda carrera, de todo un trabajo –que en ocasiones ha durado años- que finalmente cobra vida comercial. La fase final de la innovación es la más dura.

fase final de la innovación

Muchos piensan que Europa es la cuna de la creatividad y que Estados Unidos es el crisol de la innovación, que este país es capaz de forjar ideas y llevarlas al mercado mucho más rápidamente. Estados Unidos muestra más empuje por hacer dinero e innovar. En Europa surgen muchas y buenas ideas, pero parece que se pierden en la etapa final, en la ejecución del concepto, en el momento de convertirlas en algo realizable, con valor comercial o función social.

Con el programa Horizon 2020, Europa está poniendo mayor énfasis en ese paso final de la innovación, en mostrar una “prueba de concepto” o el valor comercial. Un hecho destacable. Adjudicar mayores recursos a potenciales ideas ejecutables en lugar de a aquellos proyectos que son simplemente son “imaginativos” o que finalmente son copiados por otros para su comercialización.

Por supuesto que nos gustan –y son imprescindibles también- esos primeros pasos borrosos en los que empleamos brainstorming y otras técnicas creativas para generar ideas, pero tristemente, si no recorren esa accidentada etapa final, nunca veremos una innovación puesta en el mercado. Llevar a cabo ese viaje final por terrenos accidentados requiere fortaleza, tesón, convicción, una buena dosis de valentía y más compromiso por parte de toda la organización que el propio comienzo o el desarrollo del proyecto.

En la dura fase final de la innovación nos iremos desprendiendo de recursos, que vuelven de nuevo al comienzo o a la mitad del proceso para ayudar al desarrollo de otros proyectos, dejándonos con unos menguados elementos para recorrer esos últimos metros. El equipo de innovación siente que ha hecho su trabajo, y un nuevo equipo de desarrollo terminará la “pesadilla” oficial. El liderazgo comienza a diluirse. Corresponde a un pequeño equipo enfrentarse a la fase de ejecución y todo lo que eso implica.

Siempre hay ese momento de orgullo en el que tenemos un sentimiento de auténtica satisfacción (y alivio) cuando vemos el producto final salir de la línea de fabricación, embalado y listo para ser expedido. Hemos batallado con fuerza en los diseños finales y el producto está listo para salir. Podemos relajarnos… ¡Error! Seguramente vamos a estar súper atareados con el plan de ejecución.

Este plan requiere una intervención y un compromiso muy directos, claridad en las acciones y resultados para justificar los objetivos de negocio. A no ser que seas Apple con todos sus discípulos esperando ansiosos a la última versión de sus productos, tendrás que conseguir llegar al consumidor y que se enamore de tu idea.

En las fases finales, has de tener en cuenta las demandas especiales, tales como “porqué mi país es especial” o “no podemos aceptar el precio de venta final debido a la diferente evolución de nuestro mercado” o “el ciclo de venta de nuestro principal cliente no puede esperar otros seis meses”, o los chascos del último diseño cuando ya creías superada esa fase. Todas ellas pueden volverte loco, pero exigen un trato primoroso. Una ejecución efectiva puede ser complicada y el papel de su coordinador pasa a un primer plano.

Intervendrá el resto de tu organización: vendedores, distribuidores, tus colaboradores en el área de publicidad y diseño, y el resto del departamento de marketing que quizá no intervino en el proceso de innovación. ¿Cómo vas a transmitirles el valor real de la innovación no ya desde tu perspectiva sino desde la suya?

Sentirás que todos “tiran” de ti a menudo con necesidades diferentes en conflicto, y es posible que surja una falta de liderazgo y poca claridad sobre quién es responsable de esa ejecución final. Es habitual un sentimiento de debilidad y cierta impotencia.

Y entonces… ¿qué se necesita en esta fase final de la innovación? Muchas cosas, pero destacaremos cuatro elementos principales:

  • Un imperioso gusto por la acción, independientemente del reto, problema o cuestión por resolver. No dejes que decline el impulso inicial. Combate. Aprieta el pedal de la ejecución, de forma que los demás vean en ti una actitud de compromiso personal y pasión. Haz que sea contagioso, en sentido positivo, claro.
  • Sumérgete realmente en el conocimiento que puede ofrecerte el mercado. Ten un cara a cara con tu cliente, vende el producto, explica su historia, pon a punto la propuesta de valor y sigue perfeccionándola hasta que sea correcta.
  • Ningún itinerario de ejecución es llano. Es un camino polvoriento, accidentado e irregular. Reconocer y valorar cualquier solución innovadora para salvarlo es clave. Mantener el impulso hacia delante en un plan de ejecución es esencial. A medida que surjan las dificultades (y lo harán, seguro) debes enfrentarte a ellas con compromiso y pasión para resolverlas. Tú estás generando “olas” de apoyo para los demás.
  • Liderazgo. En esta fase se requiere tanto como en cualquier otra, así que no olvides compartir las novedades, las buenas y las malas, sobre el progreso de la operación.

La innovación no termina cuando el producto sale por la puerta de nuestra empresa. A decir verdad, sólo empieza, porque comienza un periodo de prueba tremendamente exigente para él. Se ha de demostrar que el esfuerzo ha valido la pena. La innovación solo es tal en el mercado, frente al consumidor que la juzgará y, si la aprueba, pondrá su dinero en ese producto o servicio innovador.

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Ilustración propia a partir de fotografía de Joe Shlabotnik/Flickr (CC BY 2.0)
 
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