El emprendedor necesita ser creativo. No simplemente porque precisa una idea de negocio potencialmente innovadora; también para mantener su empresa viva en los buenos y en los malos tiempos. El emprendimiento es un reto creativo permanente en el que, muchas veces, la idea inicial es trivial. Es más, los inversores suelen estar más interesados en los emprendedores que en sus ideas. Los inversores se inclinan más por apoyar con su dinero a personas con los resortes y recursos creativos para convertir las ideas en realidad, preferiblemente en una realidad rentable y productiva. Un post sobre la creatividad y el emprendedor y 7 retos en los que se dirime su supervivencia. 

creatividad y el emprendedor

Estos son algunos de los desafíos creativos a los que se enfrentan los emprendedores en su día a día:

  • La idea de negocio

Una idea original puede que no sea el acto de creatividad más importante para un emprendedor, pero las ideas son necesarias para montar un negocio, salvo en unas pocos excepciones. Muchos emprendedores abren restaurantes, tiendas y empresas tradicionales basadas en proporcionar un producto o servicio ya consolidado. En la mayoría de los casos, estos emprendedores no aspiran a crear un floreciente imperio global, sino a gestionar con éxito un negocio que les reporte unos ingresos decentes.

Otros emprendedores importan ideas de cualquier otro lugar. Microsoft se transformó en una compañía global tras firmar un acuerdo con IBM para desarrollar el sistema operativo de sus recién nacidos ordenadores personales. Pero Microsoft compró DOS (el sistema operativo que se convirtió en el estándar de los primeros PC) a Seattle Computer Products en 1980 por 50.000 dólares.

Otros emprendedores de éxito no lanzan al mercado productos radicalmente nuevos sino algo existente pero mejorado de manera significativa. Los buscadores existían desde hacía años hasta que nació Google, que consiguió superar lo que sus competidores -como Lycos, Altavista, Excite– no hacían tan bien: proporcionar resultados relevantes.

  • Dinero, o la falta de este

Es habitual pensar que los emprendedores consiguen más dinero de las firmas de capital riesgo que el que que pueden llegar a gastar. Pero la verdad es que en Estados Unidos, por ejemplo, sólo un 1% de las startup consiguen este tipo de financiación. Otro 16% logra fondos aportados por business angels y unas pocas se financian a través del crowdfunding. La gran mayoría (80%) recurren a las archiconocidas 3 F: fools, friends and familiy (“tontos”, amigos y familia) y a sus propios ahorros personales.

Lo que significa que el emprendedor se enfrenta a una batalla casi diaria por mantener una situación financiera positiva, especialmente durante los primeros años de vida. Cuando necesita algo, pero no dispone de recursos para llevarlo a cabo, tendrá que emplear toda su creatividad para resolver el problema.

  • Atrapar oportunidades

Las pequeñas empresas son muy flexibles. Esa flexibilidad permite a sus emprendedores identificar una oportunidad relevante y explotarla adaptando su negocio si fuera necesario. Reconocer una ocasión y vislumbrar cómo aprovecharla es crítico para el éxito del emprendedor. No obstante, en este punto han de andar con cuidado. Muchos son demasiado rápidos y abusan de la diversificación, lo que puede llevarlos a fracasar en alguna de esas muchas ideas. O lo que es peor, no consiguen labrarse una reputación en un campo determinado, un factor clave para las pymes.

  • Innovación continua

Si un emprendedor tiene éxito con un nuevo producto o servicio innovador, puede dar por seguro que otros emprendedores y empresas consolidadas pronto sacarán al mercado productos y servicios competidores. Puede que hasta sean mejores que el suyo. El emprendedor no puede quedarse sentado. Si su idea creativa triunfa, necesitará recurrir a su creatividad para innovar de forma permanente. Es probable que incluso tenga que rediseñar o repensar su producto/servicio. Las ideas de negocio de Uber o Airbnb son bastante sencillas y han logrado implantarse en la mente del consumidor (lo que ha molestado a muchos y en el caso español ha obligado a la primera a cerrar), pero ya tienen similares competidores.

  • Gestión de personas

El trato humano, dando apoyo a grandes personas en momentos difíciles, equilibrando sus necesidades y las de cualquier empresa, requiere dosis altas de creatividad y sensibilidad. En ocasiones, el emprendedor tendrá que enfrentarse a un empleado llorando desconsolado porque su madre ha sido diagnosticada de un cáncer o en medio de un divorcio feroz.

Esta situación le obligará a dar una respuesta que quizá no sea la de un amigo pero sí la de un empleador compasivo y afectuoso. Habrá de mostrar su sensibilidad hacia el problema sin ir demasiado lejos, porque, a pesar de todo, su negocio debe continuar aunque uno de sus mejores empleados no atraviese su mejor momento. Si cuenta con tres empleados y uno está mermado de facultades, eso significa que un 25% de su equipo no funciona a pleno rendimiento.

Con un agravante, en las pymes recién nacidas, los empleados de calidad resultan esenciales para el éxito mientras que los incompetentes resultan, en el mejor de los casos, un gran gasto para los recursos limitados y, en el peor, un potencial desastre.

Además de los empleados, el emprendedor tiene que relacionarse con sus proveedores y/o colaboradores -en ocasiones también pymes- y con sus clientes o usuarios. Incluso aunque estos sean grandes corporaciones, el emprendedor tratará con un individuo específico. El trato fluido con ellos pueden significar mejor servicio y mejores precios. Muchas veces una buena relación con la secretaria del director financiero ayuda bastante a que este se ponga al teléfono.

  • Cuando las cosas van mal

Cuando las cosas se tuercen, y se torcerán, el emprendedor no tiene a quién recurrir. Ha de intervenir y resolver los problemas él solo. A veces, no hay soluciones simples; en ocasiones son sencillas pero podrían ser más perjudiciales que no hacer nada. La habilidad de ver y analizar una situación en detalle, identificar las opciones y distinguir cuál de ellas es la mejor -o la menos negativa- requiere creatividad por parte del emprendedor.

  • Es una cadena perpetua

Si uno mira las ofertas de empleo hoy, verá que entre los requisitos de muchas de ellas figuran el espíritu emprendedor y la iniciativa propia, dos rasgos muy lógicos si se aspira a contratarr a personas intraemprendedoras que lideren proyectos, productos, procesos o nuevos negocios en empresas que ya están funcionando. Pero no siempre se cumple. Según un estudio de los investigadores universitarios holandeses Philipp D. Koellingera, Julija Mellb, Irene Pohla, Christian Roesslerc y Theresa Treffersd , las empresas ya establecidas son las menos proclives a contratar personas con espíritu emprendedor, y cuando lo hacen, les pagan menos que otros en posiciones similares. 

Una vez que uno se convierte en emprendedor es prácticamente una decisión de por vida. Si uno decide vender su empresa o esta fracasa, quizá le cueste encontrar un empleo en otra compañía, así que tendrá que usar toda su creatividad para idear y lanzar una nueva idea de negocio. Y también todas tus habilidades creativas para tratar de mantenerla a flote y, especialmente, hacerla rentable.

Los emprendedores son personas motivadas y creativas de forma perenne que disfrutan de los retos que asustan a muchos otros. La creatividad y el emprendedor viajan juntos.

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Ilustración: Frits Ahlefeldt en Pixabay / Licencia Creative Commons.

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