¿Es posible empezar a innovar en 90 días? Segunda parte del post en el que os proponemos el sistema mínimo viable de innovación, que servirá para asegurar que las buenas ideas son alentadas, identificadas, compartidas, revisadas, priorizadas, desarrolladas, recompensadas y celebradas. 

innovar en 90 días

Días 45 a 90: Crea un mecanismo para guiar proyectos

Un planificación y un presupuesto robustos son válidos para las “innovaciones de núcleo”, pero las “innovaciones de nuevo crecimiento” requieren un enfoque que se aproxima más al funcionamiento de las prácticas del capital riesgo. Cualquier emprendedor que se ha financiado a través de este sistema te dirá que es como cualquier presupuesto anual, pero con una marcada diferencia: está diseñado para gestionar la incertidumbre estratégica.

  • Un equipo de directivos senior con cierta autonomía que aplique métodos del venture capital para supervisar los proyectos es clave:
  • Los proyectos más polarizados son los mejores para invertir. Cada idea tendría que contar con un firme defensor o adalid.
  • La decisión de invertir en una startup se piensa muy cuidadosamente, pero la mayor parte de las decisiones del día a día se dejan en manos del CEO.
  • El equipo-guía debería fijar un presupuesto limitado para que cada responsable de proyecto lo emplee sin necesidad de aprobación.
  • Los venture capital no siguen presupuestos anuales o trimestrales. Las startup obtienen más inversión para superar un riesgo clave. Igual debería ocurrir en el sistema mínimo viable de innovación.

Aunque, naturalmente, en las empresas establecidas, el equipo que guía los proyectos debe tratar de reforzar el potencial innovador de toda la organización, mientras que en los venture capitalists no deben preocuparse de integrar la startup en ninguna corporación.

Ampliar el sistema mínimo viable de innovación

Transcurridos los 90 días, tendrías que haber clasificado tus innovaciones, identificado las potenciales áreas estratégicas de crecimiento, reunido un equipo que haya iniciado su primer proyecto, y creado un sistema de guía para imprimir velocidad al equipo. Un sistema mínimo viable de innovación que irá dando sus frutos. Es el momento de examinar los siguientes pasos.

  • Aunque suena a una burocracia que avanza sigilosa, piensa en integrar los componentes del proceso en un sistema más formal, es parte del proceso natural de maduración en innovación.
  • Evalúa la posibilidad de crear funciones especializadas para desarrollar ciertas tareas del proceso de innovación. Una empresa pequeña podría asignar a una persona como “explorador”, manteniéndose al día de los cambios en el mercado. Otra de mayor tamaño podría crear un equipo que buscara oportunidades de establecer alianzas o parteniariados, que llevara a cabo investigación etnográfica de mercado o que desarrollara propotipos rápidos.

Un sistema mínimo viable de innovación puede sacar a la luz las mayores barreras a la innovación: las internas. Muchas veces residen en los procesos inherentes a las empresas (presupuestos, planificación estratégica, incentivos…). Recablear esos sistemas o crear unos paralelos es un reto para los innovadores, pero es clave ampliar y desplegar los esfuerzos en innovación por toda la organización.

Terminamos esta segunda entrega del post “Innovar en 90 días” con tres últimos consejos más:

  • Es un sistema. No puedes elegir y poner en práctica sólo alguna de las cuatro patas que lo forman y que hemos descrito. Hazlo todo o no hagas nada.
  • Si en algo no se debe escatimar bajo ningún concepto es en personal. Si no puedes dedicar íntegramente a una persona a estos menesteres, es que no has puesto el foco realmente en las “innovaciones de nuevo crecimiento”.
  • Insistimos una vez más: cómo trates el error dentro de la organización es tan importante como la forma en que recompenses el éxito. Ocultar o temer el fracaso genera proyectos que nunca mueren y que “chupan” toda tu capacidad de innovación.

Nota: este post es una adaptación de un artículo publicado por Scott Anthony, David Duncan y Pontus M.A. Siren en “Harward Business Review” en diciembre de 2014.

Imagen: Elaboración propia a partir de ServiceDesign Linz/Flickr (CC BY 2.0).

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