El papel de los expertos en procesos de innovación es una cuestión controvertida y compleja. ¿Son necesarios? ¿Es recomendable su participación y/o intervención? ¿Cuándo recurrir a ellos? Pese a los más críticos con esta figura, que desconfían de que las soluciones creativas vengan de ella, el experto o especialista tiene su rol en innovación, y puede ser extremadamente valioso en ciertas situaciones. El experto en innovación ha de estar ¿cerca o lejos? del innovador.

El escritor superventas Malcolm Gladwell defiende que se necesitan 10.000 horas de “rodaje” para adquirir la categoría de experto en cualquier disciplina, ya sea tocar la guitarra, encargarse de la contabilidad de una empresa o escribir código de software. En su libro “Fueras de serie: Por qué unas personas tienen éxito y otras no”, sostiene que ciertos individuos han logrado triunfar en la vida gracias a poseer habilidades que les convirtieron en expertos.

En innovación, algunos opinan justo lo contrario, y creen firmemente que las soluciones creativas a grandes problemas globales, como la devastación ecológica, la deuda o la distribución de recursos, no llegarán de expertos en estos campos, ni de sus 10.000 horas de práctica. La disrupción real vendrá de individuos que se enfrenten a esos retos con la mirada limpia, y aportando diversas experiencias, conocimientos y oportunidades. Stephen Shapiro no puede ser más claro en su libro “Best Practices are Stupid” (las buenas prácticas son estúpidas): “la especialización es el enemigo intrínseco de la innovación” .

Es cierto, y lo hemos tratado ya en este blog, que la diversidad en el equipo de innovación es fundamental , ya que un grupo de innovación multidisciplinar puede avanzar más rápido y más creativamente en la solución a su problema.

Los críticos con el papel de los expertos en innovación opinan que tienen un pensamiento “miope”. Por el mismo hecho de ser entendidos en una materia, tienden a sumergirse en profundidades dentro de paradigmas existentes en su disciplina y es prácticamente imposible que los rompan. Es raro que tengan la perspectiva suficiente para sugerir un cambio radical.

Los innovadores, en cambio, necesitan ver ramas en nuevas direcciones, ramitas y hojas en muchas de ellas, puntos dispersos en un árbol si están explorando nuevas oportunidades estratégicas, pero, y esa es la clave, los innovadores no necesitan al experto en todas estas áreas. En cambio, el innovador va a precisar comprender las implicaciones de “cada hoja” y “cada ramita” de ese árbol; necesitará comprender el qué, no el cómo. Necesita entender sus efectos.

Y los expertos pueden ser extremadamente valiosos cuando llega el momento de buscar una oportunidad específica que requiere investigación científica, tecnología compleja, o la integración en sistemas que ya existen.

Los expertos también desempeñan su papel en los procesos de innovación. Poseen conocimientos, experiencia y práctica contrastada. Aportan la capacidad de discriminar la información relevante de la irrelevante. Y no sólo eso, lo hacen mucho más rápido. Pueden contribuir con soluciones que destacan. Son la personificación del estado del arte en la disciplina que dominan.

Además, los expertos son hábiles en utilizar información procedente de diversas fuentes, no sólo de pasadas experiencias, también de sus aficiones, vacaciones o áreas vecinas a la suya. Una destreza que les permite reconocer y encontrar ideas más fructíferas.

Existe un rol del experto en innovación. Y no es menor, ya que puede contribuir grandemente a innovar dejando de lado las limitaciones y como fuerza creativa que rompe con el conocimiento convencional, pero en estos casos, suele tratarse más de características y necesidades individuales o personales. Por esta razón, es importante definir qué tipo de experto se necesita en cada fase y en cada tipo de innovación.

Si el lector cree que su proyecto innovador puede beneficiarse de la aportación de un experto, a continuación encontrará algunas recomendaciones sobre el “uso práctico” de los expertos en innovación:

  • Utiliza expertos para saber e informarte de cómo funciona el mundo hoy en día, no para adelantarte a los tiempos o hacer proyecciones. Pueden ser muy buenos asesores en dar detalles precisos sobre algo en concreto.
  • No lo dejes todo en manos de un único especialista. Recurre a una red creada a tal efecto, que te dé amplitud de miras. Expertos, sí, pero en plural. Para eso necesitarás “conectores”, personas dentro de tu red que hagan las veces de “enlaces”.
  • Existen diferentes tipos de expertos, así que el lector tendrá que testar cuál le conviene más (en tecnología, ingeniería, especialistas en sectores específicos y en sus modelos de negocio, e incluso expertos usuarios, como los early adopters o usuarios avanzados.
  • Sé consciente de que los expertos también tienen opiniones y creencias, no sólo conocimiento. Tendrás que ser capaz de distinguir entre ambos, y no sorprenderte si en ocasiones los expertos no están de acuerdo entre sí.

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