La integración inspira la innovación. Este lema contundente es el mensaje de una de las empresas consideradas unánimemente más innovadoras: Apple. En Google también están por la diversidad: a través del programa Core Diversity, animan a sus empleados a dedicar un 20% de su tiempo a iniciativas que favorezcan la atracción de mujeres y minorías a la industria tecnológica. La homogeneidad en las organizaciones está dejando paso a la diversidad. Diversidad para responder a las necesidades de todos sus stakeholders, también diversos. Diversidad en todas sus formas para estimular la creatividad y hacer de la innovación un proceso más natural y orgánico.

diversidad e innovación

Diversidad en la innovación entendida en un sentido amplio, no sólo como cuestiones de raza o género. Una diversidad que abarque toda la experiencia humana: edad, cultura, educación, orientación sexual, personalidad, habilidades y trayectorias vitales. El concepto de pluralidad ha evolucionado y ya no es la fórmula básica del pasado. En innovación, es preciso penetrar bajo la superficie de esta idea e ir más allá. Diversidad significa entender y cobijar diferentes estilos de aprendizaje, distintos atributos de individuos y comunidades, varias formas de comunicarse, muchas educaciones, experiencias profesionales y funcionales.

Tom Kelley lo resume con acierto en su libro “Las diez caras de la innovación”:

“Busque una mezcla rica de personajes y personalidades. Sin duda las diferencias entre sus talentos y sus puntos de vista provocarán ciertas fricciones de vez en cuando, pero un poco de desgaste creativo puede ser productivo cuando se busca la innovación continuada”

“Una buena analogía sería la de las herramientas de la caja de un carpintero. Nunca se necesitan todas a la vez, pero la caja perfecta es aquella cuyos elementos –todos- se utilizan a menudo”

El poder innovador de la diversidad se refleja, según el documento de la “Diversidad e innovación. Una oportunidad de negocio para todos”, publicado por la Unión Europea, en cuatro aspectos fundamentales:

  1. Flexibilidad, creatividad y habilidad de innovar mejoran con la existencia de mentalidades dispares. O lo que es lo mismo, personas que piensan de forma parecida acaban por tomar decisiones similares, lo que limita la amplitud y profundidad del pensamiento creativo e innovador.
  2. Mientras que aquellas situaciones en las que grupos e individuos ven retados su mentalidad, creencias y conocimientos producen un aprendizaje efectivo, es más probable que ocurra si además existe una mezcla diversa de participantes y un entorno en el que todos los participantes perciben que sus puntos de vista son valorados.
  3. La diversidad puede contribuir a lograr una mejor toma de decisiones y a potenciar la habilidad de resolución de problemas, porque aporta un abanico de perspectivas más amplio, una gama más extensa de experiencias y conocimientos y una capacidad de evaluación crítica mucho más robusta.
  4. Los equipos caracterizados por la diversidad tienen la posibilidad de acceder a una red de relaciones profesionales (networking) más grande, a un capital cultural mayor y a competencias culturales más vastas; y lo que es mejor, aportar todos estos activos y ventajas al proceso de innovación.

En Repensadores queremos añadir un quinto elemento, que nos parece crucial para innovar en el siglo XXI.

La diversidad contribuye a entender mejor las necesidades del cliente, un conocimiento vital para innovar con mayores garantías de éxito. Y nos viene a la mente una visión relacionada con el mundo de la publicidad: ¿podrán innovar en su creatividad un grupo de ejecutivos varones de mediana edad que tratan de persuadir a una audiencia de millenials hipsters? ¿O un equipo de treintañeros que quiera dirigirse a los baby boomers? Es fácil caer en el pensamiento único. Y sin, embargo, el acto de cuestionar, de lanzar ideas adelante y atrás, es lo que nos conduce a lograr el avance decisivo, la innovación.

Aunque no nos guste mucho, es inevitable. No nos gusta poner como modelo a empresas de fuera de nuestro país, pero muchas veces es ineludible. Hoy vuelve a suceder. Hemos citado a Apple y a Google. Y vamos a añadir a Lego, una empresa danesa. Dos autores David C. Robertson y Bill Breen analizan en su libro “Brick to brick” (“Ladrillo a ladrillo”, 2013) cómo esta firma familiar logró superar la bancarrota. Y la diversidad tuvo algo que ver:

  • Diversidad al contratar. En su web Lego explica que la diversidad ha contribuido a mejorar sus cifras y que, dada su estrategia de internacionalización, le ha ayudado también a entender y resolver los retos globales que se presentan.
  • Diversidad en experiencia técnica. Lego ha sobrevivido gracias a su capacidad para lanzar al mercado nuevos productos. Y lo ha logrado mediante la intersección de diseñadores, programadores, etnógrafos, especialistas en marketing e incluso maestros de obras.
  • Diversidad en el origen de las ideas. La plataforma de crowdsourcing Lego Ideas permite a los usuarios proponer sus ideas para desarrollar posibles productos y a la empresa tener acceso a nuevos e imaginativos diseños externos a ella.

Si alguno tiene dudas sobre la rentabilidad de la diversidad en la innovación, que se apunte el dato: según la consultora Mackinsey, entre 2008 y 2010, las empresas con equipos de dirección más plurales fueron también las que obtuvieron mejores resultados financieros. La diversidad es buena para la innovación y … para el negocio.

Bonus track: en el blog de David C. Robertson encontraréis más detalles del ejemplo de Lego.

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Ilustración: elaboración propia a partir de Todd Quackenbush/Unplash.

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