Los 13.000 alumnos que estudian en los colegios de jesuitas de Cataluña dejarán atrás los exámenes, asignaturas y horarios para sumergirse, a partir del curso próximo, en un nuevo modelo de enseñanza. Adiós a los pupitres, las aulas y los deberes. Al margen del revuelo mediático que generó, el experimento es interesante por innovador, al menos en España. “Nos encontramos ante un cambio de paradigma educativo: necesitamos cambios profundos y atrevidos”, explica la persona que lo ha liderado, Xavier Aragay, economista y director general de la Fundación Jesuitas Educación. No podemos estar más de acuerdo con Aragay y, por ello, formamos parte de la Asociación Educación Abierta, una organización que apuesta por una educación abierta. Es un modelo muy diferente al de la Compañía de Jesús, pero coincide con él en la necesidad de un cambio educativo profundo para adecuar la enseñanza a una sociedad radicalmente distinta. La educación necesita innovar como cualquier otro sector. La Asociación Educación Abierta ha elaborado un documento con ocho propuestas que abran el debate sobre el futuro de la educación, porque “es realmente necesario revisar a fondo los principios y las creencias que soportan nuestros modelos de enseñanza y aprendizaje”.

educación abiertaAntes de introduciros en esas ocho propuestas de la Asociación Educación Abierta, tomamos prestadas las palabras de su presidente, Alfonso González, para definir el concepto:

“Una educación abierta es una educación que se desarrolla a lo largo de toda la vida de una persona. También es una educación que se desarrolla en todo momento y en todo lugar, no se circunscribe a la escuela o a las instituciones formales, sino que se aprende tanto en la escuela como fuera de ella: en casa, en el patio, en el trabajo, etc. Esto no significa que las escuelas o las instituciones no tengan un papel muy importante y destacado dentro de este aprendizaje”

Abierta, cosmopolita, personalizada, nueva, expandida, inclusiva… podemos calificarla de muchas maneras, pero la educación abierta que propone AEA se basa en ocho dimensiones o elementos:

1. Contenidos y curriculum
El curriculum que conocemos se ha quedado obsoleto y es preciso definir un nuevo modelo con una nueva perspectiva: no tanto desde el qué enseñar sino desde el cómo enseñar (y, por tanto, también el cómo evaluar). Una educación abierta implica buscar teorías curriculares novedosas y que den respuestas a los retos de la escuela del siglo XXI. El nuevo curriculum deberá ser diseñado para el aprendizaje permanente a lo largo de toda la vida, construido con trasparencia y flexible.

2. Evaluación
La educación abierta concibe la evaluación como un recurso para el aprendizaje. Deberá ser basada en evidencias, personalizada y con un último objetivo, mejorar el aprendizaje de los alumnos. “Implica averiguar qué sabe el alumno y qué es capaz de hacer con ese conocimiento. Todo alumno puede demostrar de distintas maneras una amplia gama de conocimientos y habilidades”, explica la AEA. Y, por supuesto, una evaluación en la que profesores y centros sean avaluados y se autoevaluen.

3. Prácticas de aprendizaje
“Se desvanecen los muros entre el mundo y se integran los recursos que están disponibles en el exterior”. La educación se abre en el sentido físico, pero también a otros contextos sociales. Con esta premisa, la educación abierta se caracteriza por el aprendizaje en contextos reales, lo que implica también la autonomía en el proceso. Y todo ello, con las miras puestas en el desarrollo intelectual, motivacional y emocional de las personas que aprenden.

4. Prácticas de enseñanza
Cambia el papel del profesor, cuyo rol pasa a ser el de “facilitar, dinamizar, guiar la relación del alumno con el conocimiento”, explica la AEA. El docente se convierte en un creador y, para ello, empleará diversidad de recursos metodológicos y tecnológicos, incluida la tecnología. Pero la clave está en una educación abierta basada en “comunidades de aprendizaje”.

5. Organización
En línea con la anterior dimensión, la escuela de la educación abierta es “una plataforma de aprendizaje para alumnos, familias y profesionales de la educación”. La organización gira en torno a la escuela, entendida como “un nodo de organizaciones públicas y privadas que tienen como objetivo contribuir al aprendizaje de una comunidad. Es una organización en red y en la Red, híbrida en su ser y estar”. Las normas son mínimas pero su respeto máximo.

6. Liderazgo y valores
“Aprendemos juntos, vivimos juntos”, luego una educación abierta ha de basarse en valores como responsabilidad, diversidad y colaboración y, sobre todo, en la dignidad de la persona. Una educación abierta en pos de nuevos líderes, concebidos como “la mejor versión de cada uno a partir de sus múltiples inteligencias, valores y competencias”. Líderes, en definitiva, humildes, honestos y humanos.

7. Interconectividad
La educación abierta es una educación conectada. Posible desde cualquier lugar y en cualquier momento (hoy la tecnología lo hace factible), pero también que suponga “aprender con otros, de otros y para otros” (la red facilita tejer esas redes). Y conectada también con el contexto en el que de lleva a cabo: lo local.

8. Infraestructura
“Una educación abierta necesita edificios abiertos y tecnologías abiertas”, propone la AEA. Ello implica que todo alumno disponga de los dispositivos, los contenidos y la conexión que garanticen su derecho a aprender, sin que ello suponga el consumo de la última tecnología. Los propios centros u otros equipamientos pueden proveerla, porque lo verdaderamente decisivo es compartir conocimiento, cooperar en la creación de contenidos y establecer contactos con otras personas.

Estas 8 líneas de trabajo por el cambio en la educación están basadas, a su vez, en otro documento de Comisión Europea, “Innovating Learning: Key Elements for Developing Creative Classrooms in Europe” . La Asociación Educación Abierta ha elaborado además una versión en castellano del texto que puede consultarse su web.

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