1.400 incubadoras pueblan el ecosistema de innovación de Estados Unidos, según datos de la National Business Incubator Association (que acaba de cambiar su nombre a International Business Innovation Association, INBIA). En España, sin estadísticas oficiales, podemos quedarnos con una cifra, 469. Es el número de aceleradoras registradas en StartupXplore, un marketplace para que startup e inversores se encuentren. Pero aceleradoras e incubadoras no son las únicas en este escenario de startup. En el ecosistema emprendedor e innovador proliferan coworking, viveros, centros de empresa: cerca de 3.500 en todo el mundo. Muchos espacios y poca claridad. En este post queremos aclarar una de las confusiones más comunes: la diferencia entre incubadoras y aceleradoras.

aceleradoras incubadorasLas incubadoras y aceleradoras son un lugar perfecto si por tu cabeza rondan preguntas como las siguientes: ¿cómo aterrizo y materializo mi idea innovadora en un negocio? ¿cómo potencio mi empresa ya en marcha y que crece, pero que puede ir a más? En ambos casos, una opción que muchos emprendedores siguen es recurrir a la propia intuición y continuar en solitario. Pero otra alternativa es entrar a formar parte de uno de estos espacios que ayudan a nacer e impulsar negocios.

Tanto aceleradoras como incubadoras tienen en común su propósito: ayudar a las startup en fase embrionaria, apenas han nacido o cuando son sólo una idea. Prestar asistencia y apoyo para definir el modelo de negocio, o su estrategia de captación de clientes, o cómo lograr financiación, tratando de asegurar el éxito del proyecto aplicando técnicas de gestión empresarial.

Pero a partir de ahí vienen las diferencias.

  • Aceleradora. Habitualmente acoge startup que ya están en marcha o en fases más avanzadas (fase pre-semilla o semilla) y lo hace a través de un proceso competitivo y abierto, cada vez más exigente. Las aceleradoras aportan un espacio compartido (aunque no siempre es así) donde se funciona con un programa de “mentoring”. A través de este sistema de formación o instrucción, las aceleradoras ayudan al emprendedor a resolver las dificultades con las que se pueda encontrar para “acelerar” su crecimiento. Así, van validando y orientando el modelo de negocio dentro de un periodo de tiempo que oscila, según las aceleradoras, entre 3 y 12 meses.
  • Incubadora. Su papel, más básico, es crear un entorno favorable a una serie de pequeñas empresas, en la mayoría de los casos sólo emprendedores con ideas, para compensar sus carencias financieras, de conocimientos o contactos. Oficina a buen precio, equipamiento compartido, algunos servicios administrativos y la posibilidad de que surjan sinergias entre compañeros de “incubadora” están entre sus prestaciones. En ocasiones van más allá y ofrecen también la formación y asesoramiento necesario para configurar una startup desde sus inicios.

Un aspecto importante que diferencia a aceleradoras e incubadoras es la financiación: de dónde obtienen ellas el dinero para funcionar y si lo ofrecen a las startup. En España, muchas incubadoras dependen de ayuntamientos o gobiernos autónomos, es decir, de la financiación pública, mientras que las aceleradoras suelen ser privadas. Además, las aceleradoras realizan un aporte inicial de capital (seed funding). Como contrapartida, la aceleradora suele obtener entre un 5% y un 10% del valor de la nueva empresa.

Así, las aceleradoras “aceleran” una compañía que ya existe, mientras que las incubadoras “incuban” ideas disruptivas (o al menos novedosas) con la esperanza de convertirlas en un modelo de negocio y en empresa. Podríamos decir, teóricamente, que las aceleradoras se centran más en escalar un negocio, mientras que las incubadoras están más enfocadas en la innovación.

Al margen de conceptos, lo importante realmente es saber si estos ecosistemas ayudan o no a las startup a evolucionar positivamente o sobrevivir. Volviendo a Estados Unidos, la Kauffman Foundation, una organización creada por el emprendedor y filántropo Ewing Marion Kauffman a mediados de los 60 para promover “una sociedad de individuos económicamente independientes”, ha analizado varios estudios al respecto para concluir que no está probado (y que habrá que investigar más a fondo) que las startup que pasan por incubadoras o aceleradoras tengan mayores éxitos que las que no lo hacen. No estamos muy de acuerdo (de hecho, nuestro CEO Juan Pastor Bustamante colabora como mentor en la incubadora Yuzz) pero sí es interesante puntualizar algunos aspectos que deberían exigirse a este tipo de espacios para avaluar sus resultados:

  • Asistencia más prolongada: la ayuda dura lo que dura el programa, pero una vez fuera de él, las startup son arrojadas al mercado sin red y no siempre están maduras para la competencia.
  • Enfoque más personalizado. En el caso de las aceleradoras, están específicamente diseñadas para hacer crecer la facturación. Y funcionan de forma cíclica: en cada tanda entran nuevas startup que reciben similares consejos de parecidos mentores. Como cada emprendedor y cada idea son únicos, este modelo presenta limitaciones.
  • Falta de sostenibilidad. La propia naturaleza de las aceleradoras las hace vulnerables. Su misión implica una gran inversión que sólo tiene retorno en forma de pequeñas participaciones en nuevas compañías inestables y poco predecibles.
  • Más transparencia. Pocas aceleradoras ofrecen información sobre sus resultados y eso limita la capacidad de analizar su impacto real en las empresas que “aceleran” y en el desarrollo económico de los territorios en los que se ubican.

Bonus track

Ilustración: elaboración propia a partir de The Noun Project/walle_chan.

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