Un grupo de familias coreanas ha interrumpido la educación de sus hijos de 12 años durante un curso escolar para que vivan experiencias, adoptando el modelo de año sabático (gap year) tan popular en el sistema educativo anglosajón y adelantándolo a una edad mucho más temprana. Quieren para sus niños una educación experiencial y alternativa. Puede ser discutible el experimento, pero revela una realidad: el valor, el rendimiento y la eficacia del aprendizaje basado en la experiencia, tanto en los primeros niveles educativos como en los superiores. Y, por supuesto, también en la educación continua, imprescindible en el cambiante mundo actual. La enseñanza basada en la experiencia es, además, una herramienta de primer orden si lo que se pretende “enseñar” o “aprender” es innovación y creatividad.

aprendizaje basado en la experiencia

“Pongamos por ejemplo que a mí me gustan los aviones, diseñar aviones. Debería estar en contacto con otros niños a los que también les guste diseñar aviones y estar conectados en un entorno online. Podríamos hablar entre nosotros, trabajar juntos diseñando aviones y pasar un buen rato haciéndolo. ¿Por qué los niños deben estar en una clase donde todos hacen lo mismo en el mismo momento?”

Son palabras de Roger Schank, el enfant terrible de la pedagogía actual, que considera inútiles escuelas y universidades. Para Schank, la única forma de aprender es haciendo cosas que sirvan para algo. Quizá demasiado radical, pero no le falta algo de razón. No queremos (al menos no hoy) ir tan allá como para cuestionar las instituciones educativas, pero sí nos gustaría llamar la atención sobre la importancia de la experiencia –en concreto de la enseñanza basada en experiencias o experiential learning– en el caso concreto de la creatividad y la innovación.

El aprendizaje basado en experiencias debe su desarrollo a David Kolb, profesor de Comportamiento Organizacional en la Weatherhead School of Management (Case Western Reserve University) y fundador de Experience Based Learning Systems, Inc. (EBLS). Kolb, de manera sintética, afirma que para aprender algo debemos trabajar o procesar la información que recibimos, ya sea a través de una experiencia directa y concreta (alumno activo) o de una experiencia abstracta, que es la que tenemos cuando leemos acerca de algo o cuando alguien nos lo cuenta (alumno teórico).

Esas experiencias, concretas o abstractas, derivan en conocimiento cuando las elaboramos de alguna de estas dos formas:

a) reflexionando y pensando sobre ellas: alumno reflexivo.
b) experimentando activamente con la información obtenida: alumno pragmático.

El sistema educativo actual favorece a los alumnos teóricos por encima de todos los demás, relegando a un segundo plano a aquellos a los que les gusta aprender a partir de la experiencia. Un modelo no tan apropiado para desarrollar las capacidades que exige el mundo laboral actual: creatividad, trabajo en equipo, flexibilidad, facilidad para el cambio. Está concebida más bien para “pensadores”, no para “hacedores”. Es predominantemente teórico y basado en disertaciones. Cuando, en cambio y como señala Roger Schank en una entrevista, “la educación debería consistir en “yo trato de hacer algo y el profesor me ayuda sólo si necesito su ayuda”. Este es el modelo que tiene sentido para la enseñanza”. Cualquier programa o formación requeriría facilitar el aprendizaje de todos los alumnos, cualesquiera que sea su estilo preferido.

En el caso de la enseñanza o entrenamiento para ser más innovador y creativo, no se puede aprender a nadar sin meterse en la piscina o el mar; sin experimentar lo que es el agua y sin pasar por la prueba de tratar de mantenerse a flote y avanzar a través del líquido elemento impulsado por la propia habilidad y fuerza. Innovar en producto, por citar un ejemplo, no es muy distinto de nadar si tenemos en cuenta que depende del contexto: la empresa, el mercado, los consumidores, la estrategia. Así, debemos hablar de enseñar innovación, no enseñar sobre innovación; y eso implica un enfoque más práctico y orientado a la acción. ¡Y los alumnos deben tirarse a la piscina para mojarse!

Otro aspecto a tener en cuenta es que muy frecuentemente los alumnos atraídos por las enseñanzas de innovación, creatividad y emprendimiento responden más al perfil de activos y pragmáticos que al de aprendices reflexivos o teóricos. Así, el aprendizaje o asimilación del espíritu emprendedor se ha identificado estrechamente con el aprendizaje basado en experiencias, y puede ser estimulado a través de ellas.

Como en los equipos de innovación, en la enseñanza basada en experiencias es conveniente seguir unas directrices:

  • Espacio para la creatividad y la imaginación. Independientemente de cuál sea la tarea o cometido de la experiencia, debe dejarse espacio suficiente para la imaginación, la creatividad, el pensamiento independiente y crítico. También deberá estar presente cierto grado de desafío para el que no habrá una solución errónea o acertada, ni se impondrá a los alumnos un desenlace pre-diseñado.
  • Facilitador y mentor. El profesor, en este nuevo escenario, debe ejercer de mentor y/o facilitador; es decir, su papel no es el de guardián de todo el conocimiento, sino que presta ayuda al alumno y le guía, cuando éste tiene dudas o se bloquea en la búsqueda de soluciones. Los alumnos, por su parte, han de ser invitados a asumir la responsabilidad en el proceso de aprendizaje y buscar sus propias soluciones a la tarea encomendada.
  • El trabajo en equipo. Los alumnos trabajan juntos en grupos heterogéneos (con miembros de diferentes edades, cultura, sexo, formación). Pueden incluso requerir la colaboración de personas ajenas que complementen sus conocimientos y/o habilidades, lo que abre su mente.
  • En ocasiones puede suponer una influencia positiva cambiar el aula o espacios tradicionales de enseñanza (clase, institución u oficina). En función de los recursos disponibles, cualquier tipo de entorno poco convencional (un museo, un parque, una instalación alternativa dentro del centro educativo como el gimnasio, o simplemente un cambio de orden en los asientos), puede servir de estímulo.

Por supuesto, muchas de las teorías de la innovación son sólidas y robustas y pueden ser enseñadas de forma convencional, pero no siempre cubren el proceso completo de la innovación. La enseñanza basada en la experiencia, y el compromiso activo del estudiante en ese proceso de aprendizaje, es el método más efectivo para desarrollar las tan deseadas competencias de los perfiles más innovadores y emprendedores.

En Repensadores estamos especializados en formar a organizaciones públicas y privadas, empresas y personas en materia de innovación y creatividad, por lo que, si quieres conocer más sobre nuestros programas y métodos, solicítanos más información en el email: info@repensadores.es.

Ilustración: elaboración propia a partir de Flickr/Tommy Wong (CC BY 2.0).

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