Vamos a por la segunda entrada sobre los enemigos de la creatividad y la innovación. En el anterior post tratamos sobre el miedo al fracaso, el bloqueo mental y la repetición del pensamiento. Hoy toca poner en su lugar el valor de la imitación creativa y del aburrimiento. ¿Quieres combatir a los adversarios de la creatividad y la innovación?

enemigos de la creatividad

4. La desventaja de no imitar

¿Cómo crean arte, inventan máquinas o componen canciones las personas? Las ideas de otros con frecuencia provocan nuestras mejores invenciones. Y ha sido así desde que los hombres y mujeres de la Prehistoria empezaron a pintar en cuevas como las de El Castillo o Covalanas, en Cantabria.

Sin embargo, desde el punto de vista institucional, la cosa cambia. Nuestro sistema legal de patentes y propiedad intelectual pretende contribuir a estimular la creatividad de artistas e inventores asegurándose de que obtienen un beneficio económico por sus innovaciones, algo que en sí mismo no es negativo. Sin estos incentivos, según este argumento, los creadores no serían capaces de sacar provecho de sus obras y dejarían de crear. Por supuesto, la parte económica de la ecuación es muy importante.

Pero es un sistema que gira en torno a los incentivos externos y tangibles que animan a crear, cuando la investigación científica actual nos dice más bien que los creadores no responden tanto a esos estímulos.

Además, voces como las de Kal Raustiala y Christopher Sprigman, autores de “The knockoff economy”, defienden que la copia fomenta la innovación. Según su teoría, las imitaciones aceleran el ciclo de la moda, al desechar los viejos diseños al cubo de la basura de la historia (tal vez para ser desempolvados y reintroducidos más tarde, como ocurre con la moda vintage) y lanzar a los más vanguardistas a la búsqueda de la próxima gran novedad del mercado.

En el mundo de la gastronomía ocurre algo similar. Nadie puede ser propietario de una receta o monopolizar un plato innovador, están fuera del alcance de las leyes de derechos de autor. Pero los chefs más ambiciosos siguen desarrollando nuevos platos que pronto son imitados por sus colegas. Las más arriesgados viajan por todo el planeta a la caza de ingredientes o técnicas que imitar. Y el mundo culinario de hoy es más creativo e innovador que nunca.

Incluso en el fútbol la copia es creativa. Los técnicos y entrenadores dedican tiempo desarrollar estrategias de juego, aunque son conscientes de que sus rivales tratarán de imitarlas nada más acabe el partido. La doble W de Guardiola, que ha aplicado en el Bayern de Munich, es un ejemplo. Pronto se enseñará en todas las escuelas para futbolistas.

En la cocina, como en la moda o el fútbol, las copias son una parte clave del proceso creativo. La libertad para repensar, para ajustar y mejorar una nueva idea es lo que hace que pase de buena a soberbia. Una idea sirve de inspiración a otros y ayuda a promocionar la habilidad de quien la originó.

Habrá que determinar qué grado de protección sobre la creatividad resulta más adecuado para que continuemos innovando sin que peligren la sostenibilidad de las empresas creativas. Es necesaria una discusión en profundidad y sin prejuicios sobre esta materia, aunque algunos parezcan empeñados en evitarlo.

Una última (e importante) puntualización. La copia es normal en el proceso creativo, como lo es también desarrollar la propia voz. La mayoría de los creadores empiezan copiando, imitando y estudiando a otras personas que tienen como referencia para acabar definiendo su propio estilo.

5. El combate actual contra el aburrimiento.

En el post “Activar la creatividad: un kit básico para creativos en apuros”, defendíamos la actividad física, y especialmente caminar, como una herramienta muy útil y fácil de poner en práctica ante bloqueos creativos. Pero otros prefieren nadar, por ejemplo. Nadar es aburrido. Y caminar, para algunos, también. Cuando uno nada o camina, es difícil que pueda hacer otra cosa, como leer, ver la tele (sí en el caso de los que usan cintas) o enviar un email. Y qué ocurre: al principio, la mente tiende a combatir ese aburrimiento, pero una vez superada esta fase, empieza a divagar. Sin objetivo alguno. Acuden los recuerdos de las experiencias vividas, también las preocupaciones, y el escaneo en busca de oportunidades e ideas. Y llega la creatividad.

Hoy en día es difícil aburrirse, con el móvil pegado al cuerpo. Ocupar nuestra mente es tan fácil que eso está matando nuestra creatividad. ¿Recuerdas cuando fue la última vez que te subiste a un ascensor sin sacar tu smartphone?

Pero no hacer nada, aburrirse, es algo de gran valor. Las mejores ideas surgen cuando uno se aburre nadando, en la ducha, caminando o tumbado antes de que le venza el sueño. En esos momentos “desaprovechados” es cuando se producen las conexiones inconscientes.

El valor del tiempo “muerto” es algo que deberíamos aprender a apreciar más y enseñar a las próximas generaciones, hoy atiborradas de actividad.

Puedes aprender más sobre innovación y aburrimiento en nuestro post “Peligro: innovadores aburridos”

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