Nuestro país se enfrenta a muchos retos en distintos ámbitos: políticos, culturales, educativos, medioambientales, sociales… En estos momentos dar solución a estos desafíos ya no es cuestión de una minoría o una élite política, empresarial o intelectual, sino que, por primera vez en la historia, las respuestas a los problemas pueden venir potencialmente de cualquier persona, sin importar su edad, condición social, situación económica o estudios. La capacidad de generar nuevas ideas a partir de nuevas conexiones entre ideas, conceptos o experiencias ya existentes se ha democratizado y ha crecido exponencialmente gracias al desarrollo de internet. En este proceso participan multitud de personas a la vez, cada una aportando en función de sus posibilidades o motivaciones.

revolución creativa

Instagram tenía 400 millones de usuarios en septiembre de 2015, que posteaban unos 80 millones de imágenes a diario. En 2010 sólo había un millón de instagramers y un año después, en 2011, la cifra se había multiplicado por 10. Aunque el crecimiento de Twitter se ha estancado, en la red de microblogging, que cumplirá 10 años el próximo 21 de marzo, interactúan 320 millones de usuarios activos cada mes.

Nacida en 2012, Snapchat, una de las últimas herramientas en incorporarse al abanico 2.0, está en los móviles de más de 100 millones de personas. Solo España, Facebook, donde es la red social por excelencia, hay más de 12 millones de usuarios activos. Un 39% de los internautas españoles que usan las redes sociales lo hace para publicar contenidos (IAB, 2015). Respecto a los blogs, es imposible calcular el número de bitácoras abiertas en la red, pero la web Worldmeters estima que se publican alrededor de 2,5 millones de post diarios.

Dentro de los procesos de creación, cada vez tiene más peso lo colectivo y lo abierto frente a lo individual y cerrado. Los filtros tradicionales a las ideas (instituciones educativas, gremios profesionales, editores, productores, gestores culturales, directores creativos o de innovación, directores generales) están viviendo un proceso de transformación, repensamiento o redefinición en el que aquellos que no sepan adaptarse al cambio desaparecerán.

Se está produciendo una auténtica revolución creativa con mucha mayor visibilidad en las redes sociales que en los medios de comunicación de masas tradicionales. En ningún momento de la historia de la humanidad ha habido tanta gente estimulando, compartiendo, cocreando e implementando su creatividad como en la actualidad. De la cantidad de ideas acaba saliendo la calidad de las ideas. Estos procesos de selección de propuestas y soluciones son participativos, abiertos y virales. También por primera vez esta revolución creativa ya no se asocia únicamente a la cultura, sino que se está dando desde la ingeniería hasta en el ámbito social, desde la política a la sostenibilidad. En todos los sectores y esferas de nuestra vida se están generando ideas para resolver problemas o satisfacer necesidades.

El éxito de las plataformas de crowdfunding son una prueba de esta tendencia. Desde que nació Partizipa (2007) el número de herramientas de financiación colectiva en España ha ido creciendo rápidamente hasta las 76 que identificó la publicación El Referente en 2015. Sólo en Spain Crowdfunding hay registradas 39. Y según el informe “Moving Mainstream. The European Alternative Finance Benchmarking Report”, canalizaron inversiones por valor de 62 millones de euros en 2014, frente a los 10 millones de 2012.

La creatividad y la cultura generan 29,5 millones de empleos en el mundo, según el estudio “Cultural Times. The first global map of cultural and creative industries”, que ya mencionamos en un post anterior. Revela también que existen más de 5.500 escuelas de arte en Europa, un territorio que alberga 7 de los 10 museos más visitados del mundo y 30 de las 69 “Ciudades Creativas” de la UNESCO.

En América Latina se producen más de 400 películas al año y en Nueva York se venden 13,1 millones de entradas anuales para los teatros de Broadway. Nollywood, la industria cinematográfica de Nigeria, emplea directamente a 300.000 personas con una producción anual de 2.000 películas.

Esta revolución es transfronteriza, ya que en los procesos de cocreación están participando personas de distintos países que no necesitan desarrollar el proceso creativo ni al mismo tiempo ni en el mismo lugar y, en muchos casos, ni siquiera tienen porqué hablar el mismo idioma. Son grupos heterogéneos y multidisciplinares. Lo único que no ha cambiado es que está revolución se está generando, al igual que las anteriores, gracias a la interacción de personas que logran tener visiones/objetivos comunes y que se mueven en la misma dirección.

Sin duda es un enorme dilema para los países y las ciudades decidir si unirse a esta revolución como oportunidad o percibirlo como una amenaza y permanecer ajeno o distante. Atreverse a crear las condiciones para que esta creatividad se pueda materializar a través de iniciativas, proyectos, empresas y organizaciones, o poner restricciones, leyes, normativas, regulaciones para inhibirlas: esa es la cuestión.

En España podemos mirar hacia otro lado o pensar que no va con nosotros hasta que nos demos cuenta que no hay alternativa y, como ha ocurrido en la revolución industrial o la revolución digital, llegar tarde de nuevo o tardar en coger este tren tiene un impacto negativo sobre la sostenibilidad económica, social y medioambiental de nuestro país.

Este momento en el que en España parece que va a ser necesario buscar consensos en el panorama político y social puede ser una gran oportunidad para crear las condiciones propicias para convertirnos en un ecosistema creativo que perdure en el tiempo, donde se haga visible y estimule esta revolución tanto del talento creativo individual como colectivo.

Pero ¿qué pueden hacer las ciudades, comunidades autónomas y España como país para ser catalizadores de esta revolución? Pueden aplicarse varias medidas, pero en este post destacaría estas tres:

  • La educación como base creativa. Es urgente repensar el cómo se enseña, cómo se aprende y cómo se crea para que los alumnos, que son nativos digitales, saquen provecho a su experiencia escolar. Al igual que ahora se diseña centrándose en el usuario, se debería hacer lo mismo en educación. Se están redactando leyes analógicas para niños que van a vivir en una sociedad digital, su medio natural. Pero esta reflexión va mucho más allá del sistema educativo formal. Asociar educación a escuela es un pensamiento propio de la revolución industrial y no de la revolución creativa. ¿Existen las condiciones para que todo aquel que en función de sus capacidades quiera enseñar, aprender, crear lo pueda hacer? Mucho me temo que no. Hay que pasar de la normalización (café para todos) a la personalización de la educación, porque si no el fracaso escolar no se reducirá. El fracaso escolar no sólo se da en las aulas, se da en la sociedad en su conjunto. La familia, la escuela, el barrio, el pueblo, la ciudad e internet son contextos educativos en los que se genera mucha creatividad. Es posible conectarlos y ponerlos en valor.
  • La cultura, el alimento creativo. El sustrato de todo proceso creativo está en la cultura. No existe ninguna potencia creativa o innovadora en el mundo que no sea una potencia cultural. La cultura es el alimento para la mente y el espíritu que comparte un artista, un científico, un emprendedor, un maestro, un economista, un ingeniero. No potenciar, cultivar e incentivar la cultura es el mayor error que puede cometer un dirigente organizacional o político. Un lugar activo culturalmente es el mayor atractivo para el talento creativo y estimulador de la creatividad colectiva.
  • La sostenibilidad como eje de crecimiento. Es necesario un equilibrio entre lo medioambiental, lo social y lo económico. Este equilibro es sistémico y no lineal. Es decir, no se puede pretender primero generar bienestar económico como condición para disminuir las desigualdades sociales y prestar más cuidado al planeta. Todo se tiene que abordar a la vez. El pensamiento creativo es de gran ayuda para conseguir este equilibrio. Ante un problema o un reto no existe una única solución, sino que debemos explorar las posibilidades y elegir la más adecuada, manteniendo el equilibrio entre lo económico, lo social y lo medioambiental.

Creemos las condiciones para que la intuición, la imaginación y la creatividad puedan enraizar en nuestra sociedad. No hace falta esperar a los políticos, aunque ellos tienen también una gran oportunidad para unirse. Como en revoluciones anteriores las mentes conectadas están liderando la revolución creativa. Podemos repetir errores históricos y volver a dejar pasar una revolución o posicionar a nuestro país y a nuestras ciudades en el mundo como ecosistemas creativos. A todos los que creamos en la revolución creativa trabajemos para que florezca.

Ilustración: elaboración propia a partir de Freeimages.com / Nadine Wegner.

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