Uno de los mayores desafíos a la hora de innovar o crear algo innovador (ya sea producto, servicio, proceso, modelo de negocio…) es hacerlo comprensible para los demás y, dicho sea de paso, también para uno mismo. El reto de definir nuevos descubrimientos o conceptos para los públicos o stakeholders internos –muchos de los cuales no han tomado parte en la fase de desarrollo- es un punto crítico en la adopción o implementación interna de nuevas ideas. La complejidad, la falta de familiaridad con lo innovador y la imagen difusa que proyecta son los tres principales retos de comunicar la innovación internamente.

comunicar la innovación internamente

Una tarea con poco glamour y menos guías u orientación a los que recurrir. Un verdadero lío en el que se ven implicados múltiples factores como el propio personal asustado por su futuro, la incomprensión, cambios tecnológicos, nuevos comportamientos del consumidor, transformaciones sociales a gran escala, avances científicos, por citar sólo algunos.

En ciertos casos, los líderes al frente de la creación de ese algo innovador tienen una visión, puede que también un plan para alcanzarla, pero su organización, su entorno no son capaces de verlo. Es posible que incluso tengan una propuesta de valor viable para los usuarios, con un futuro prometedor, pero que apuntan a un futuro muy diferente al presente, y que no ha sido probado antes. Sus ideas, además, probablemente estén bien conectadas con una tendencia emergente, pero no definida, que es difícil de describir a los demás, y menos aún convencerlos de su alcance.

En esos casos, generar o crear algo innovador es tan importante como comunicarlo. Son acciones inseparables. La comunicación en innovación no es un recurso estético, sino una necesidad estratégica para gestionar la complejidad, para hacer de algo poco o nada familiar una idea comprensible, para lograr que las personas se alineen, para inspirar la confianza que se requiere al enfrentarse a lo innovador. Es decir, para manejar todo ese lío que mencionábamos líneas atrás.

Todo un reto que podríamos dividir en tres, de diferente naturaleza, y también con distinta solución:

  • La complejidad. Ciertas innovaciones tienen una naturaleza multidimensional que las hace sumamente complejas. Los asuntos o temas de política pública son un buen ejemplo de ello porque se dirigen a gran variedad de ciudadanos e implican infinidad de recursos, circunstancias distintas, leyes existentes, que hay que combinar para crear una nueva solución. Hoy en día, por ejemplo, las iniciativas surgidas de la economía colaborativa ponen en jaque aspectos consolidados que puede que haya que revisar: desde la recaudación de impuestos en estas plataformas a la seguridad de sus usuarios cuando viajan en un coche compartido o se alojan en una casa particular. Esa complejidad dificulta enormemente la comunicación, porque todos estos elementos suelen estar interrelacionados.
  • Lo extraño. Lo realmente nuevo es una propuesta que cuesta entender. ¿Cómo explicar algo que se sale de los estándares, de las referencias convencionales, y de lo que no hay precedente? Pensemos por un momento en innovaciones que supusieron un cambio radical en nuestras vidas: la televisión, la electricidad, el propio internet. Te sugerimos repasar un post anterior que dedicamos a algunas reacciones negativas que provocaron innovaciones del pasado y que, aunque resultaron erróneas, crearon obstáculos a sus promotores.
  • Todavía borroso. En los procesos de innovación, las ideas suelen permanecer en estado borroso o difuso por cierto periodo de tiempo, y el reto es describir algo en esa situación de inestabilidad y cambio prolongado. Puedes consultar a cualquiera de las startup que han surgido en los últimos años y te explicarán la evolución de sus productos y modelos de negocio desde su nacimiento hasta hoy. ¿Lo entendieron todos los miembros del equipo? Hay numerosas historias de emprendedores que han ido abandonando el proyecto inicial porque no entendían la deriva que iba adquiriendo. El tercer reto es, por tanto, captar una fotografía mínimamente legible de ese algo innovador en movimiento, y por tanto, algo borroso.

Si te ha gustado este post, ¡compártelo! ¡Gracias!

Comparte!