Emprendedores creativos o culturales es una expresión que aún despierta cierta condescendencia, incluso recelo, cuando se trata de invertir en sus proyectos. Pese a su importancia para la economía de cualquier país, el sector creativo y cultural no recibe la atención que merece por parte de inversores.

Existen muchas aceleradoras, fondos de inversión, y otras plataformas que impulsan el ecosistema emprendedor en sectores como las finanzas o la tecnología, pero el sector creativo y cultural va muy por detrás de ellos. Sufre de cierta subinversión o falta de inversión. El sector creativo y cultural es la “Cenicienta” de la financiación.

financiacion para industria creativa

Por ejemplo en España, 2015 fue un año récord para la inversión de firmas de capital riesgo -tanto públicas como privadas- en startup: se produjeron algo más de 1.500 inversiones individuales, 400 más que en 2014, con un volumen de 659,4 millones de euros, un 83% más que en 2014. Los datos de Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (ASCRI), analizados por sectores, dan resultados desiguales. Los sectores que más volumen de inversión recibieron fueron: informática (23,5% de los recursos invertidos), seguido de medicina / salud (20,9%), productos de consumo (18%) y otros servicios (11%). La industria creativa y cultural ni siquiera está identificada como tal.

La dificultad de acceso a la financiación implica que la industria creativa y cultural está viendo limitado o frenado el desarrollo de todo su potencial. Una limitación que choca con las ventajas competitivas que ofrece a otros sectores, tal y como señala el Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas del Ministerio de Cultura español.

financiación para la industria creativaEsto es algo en lo que coinciden otros gobiernos de países latinoamericanos, como los de Perú o Colombia, fuertemente implicados en el desarrollo de un sector que creen clave para su economía.

Las razones de la subinversión pueden ser muchas:

  • Los inversores no tienen experiencia en el sector creativo y cultural y, además, se sienten muy alejados unos de otros. Televisión, radio, música, diseño, cine, videojuegos, publicidad, teatro… son actividades consideradas por los inversores no como una industria, sino como el hobby de cierto sector de la población. Convendría que ambos se conocieran mejor y encontraran un territorio común en el que entenderse. Saber cuáles las necesidades, capacidades, modelos de negocio del otro.
  • La infrainversión se atribuye a que las industrias creativas no responden a los criterios tradicionales de los inversores. La falta de habilidades empresariales de sus promotores en ocasiones deriva en un plan de negocio poco sólido o poco robusto que no atrae a los potenciales inversores.
  • Las condiciones específicas de un mercado como el creativo cultural: su tamaño, la fragmentación lingüística en el caso de proyectos con proyección internacional, la escasez de estudios de mercado, la presión de modelos de negocio tradicionales, por citar algunas de ellas que operan en su contra.
  • Los conocimientos empresariales son un requisito fundamental para la entrada en el mercado de cualquier emprendedor o nueva empresa. En el sector de las ICC, donde existe un porcentaje superior a la media de freelance o pequeños empresarios, la falta de conocimientos en el ámbito empresarial dificulta la supervivencia y expansión de muchas de las empresas que llegan a constituirse. Los músicos, diseñadores, cineastas poseen un alto dominio en sus especialidades creativas pero no tanto en lo que hace falta saber para gestionar un startup, como los factores de crecimiento o las habilidades para gestionar equipos.
  • Los emprendedores creativos, en muchos casos profundamente vocacionales, sienten temor a perder el control de sus proyectos si se asocian a inversores. Como explica Chris Powell, director de NESTA, la agencia británica dedicada a potenciar la innovación, entre 2003 y 2010:

“Start-ups in the creative economy usually happen because founders want to do something differently, rather than a simple desire to make themselves rich. They want to have the independence to do it their way. It is often done as a conscious escape from what they see to be the restrictions of business and the inhibitions of financial structures. None of this is a problem in the early days, but when a company starts to develop successfully it quickly becomes a problem, as the lack of business or financial skills makes them ill-equipped to attract capital”.

  • Las fuentes de financiación tradicionales, como los bancos, especialmente tras la crisis económica, son tremendamente cautos a la hora de ofrecer dinero y esa cautela es extrema con los proyectos creativos y culturales, que consideran de alto riesgo. Como consecuencia, las iniciativas de este sector, cuanto más innovadoras, más difícil tienen el acceso a la financiación externa

No obstante, ya se aprecia cierto cambio de tendencia. Contribuye a ello el número creciente de creativos que emprenden en proyectos digitales, como algunos de los que incuba el Google Campus de Madrid. De ahí que la transformación digital se transforme en oportunidades de negocio y también de inversión. El éxito de los videojuegos y el amplio espectro de la industria del entretenimiento (pensemos en Netflix) o el lucrativo mundo de la moda han abierto también los ojos a muchos inversores.

Nota: La expresión de “Cenicienta” de la financiación la hemos tomado prestada del informe “Risky Business” (Demos, 2011), que analizó esta cuestión en Reino Unido. Nos pareció que describía muy bien el problema y decidimos adoptarla como nuestra.

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Ilustración: elaboración propia a partir de Flickr / barbara ainscough (CC BY-NC 2.0).

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