En España, el 22@ de Barcelona. En Colombia, Ruta N de Medellín. Son dos ejemplos de distritos de innovación, un nuevo modelo territorial de la innovación en el que las ciudades (y más concretamente ciertos barrios urbanos) están sustituyendo a los tradicionales polos tecnológicos, dominantes en los últimos 50 años. ¿Cómo son esos distritos de innovación? ¿Qué les caracteriza? De la mano de la Brookings Institution y Project for Public Spaces (PPS), los analizamos en nuestro blog.

distritos de innovación

En 2014, los investigadores de la Brookings Institution Bruce J. Katz y Julie Wagner, publicaron su trabajo titulado “The Rise of Innovation Districts”, que identificaba un emergente modelo espacial de innovación: el distrito de innovación.

Katz y Wagner definían estos nuevos epicentros de innovación urbanos como:

geographic areas where leading-edge anchor institutions and companies cluster and connect with start-ups, business incubators, and accelerators. They are also physically compact, transit-accessible, and technically-wired and offer mixeduse housing, office, and retail”

Según su investigación, la geografía de la innovación estaba cambiando, al menos en Estados Unidos y Europa. Los distritos de innovación, más concentrados espacialmente, estaban sustituyendo a áreas o regiones como Silicon Valley, entendidas como corredores suburbanos en las que se concentran sedes corporativas aisladas, sólo accesibles en automóvil, y con poco énfasis en la calidad de vida o en integrar trabajo, alojamiento y entretenimiento.

Internacionalmente, citaban los ejemplos de Barcelona, Berlín, Copenhague, Londres, Medellín, Montreal, Seúl, Estocolmo y Toronto, todos ellos con sus distritos de innovación en activo. En Estados Unidos, ciertos barrios de Atlanta, Cambridge, Detroit, Filadelfia, Pittsburgh y San Louis también respondían a esta definición.

La propia Brookings Institution, en colaboración con Project for Public Spaces (PPS), y a través de la Bass Initiative on Innovation and Placemaking, proponen ahora ocho ideas para que estos distritos funcionen, descritas en su blog, que traemos aquí por su potencial aplicabilidad a otras escalas:

1. Haz la innovación visible y pública. Brookings Institution PPS proponen que las empresas muestren su capacidad innovadora de forma diáfana. Y que lo hagan incluso físicamente, mediante espacios públicos abiertos o transparentes en los que se aprecie su labor y pueda constatarse lo que realmente hacen. También hacen hincapié en que lugares públicos como cafés con tomas de corriente y wifi abierto puedan ser puntos donde estar, trabajar o pensar. Con una política de uso correcta, las startup podrían incluso testar sus productos y servicios en esos mismos sitios.

    Esta visibilidad enlaza con el concepto de innovación abierta. Si cientos de personas comienzan a mezclarse, junto con sus ideas y productos/servicios, en los distritos de innovación, ¿qué impedirá que surjan proyectos nuevos?

2. Mezcla la innovación con otros usos. Es evidente que la especialización de los distritos de innovación en ciertos campos confieren identidad a estos territorios, pero también lo es que no pueden sobrevivir en una burbuja. Para atraer y retener talento, un distrito ha de ofrecer a los habitantes (los empleados que allí trabajan) un número razonable de espacios donde comprar, entretenerse, relacionarse o hacer deporte. Empresas como Facebook o Google ponen a disposición de sus trabajadores este tipo de servicios, pero son grandes y tienen presupuesto para hacerlo, mientras que las startup y otros pequeños emprendedores no llegan a tanto.

En los distritos de innovación estos espacios pueden ser compartidos, así como sus costes, satisfaciendo las necesidades de los que allí pasan buena parte de su tiempo, a la vez que desarrollan la economía local.

Con estas prestaciones, los distritos de innovación se convierten en lugares más atractivos para la generación millennial, un segmento demográfico para el que la calidad de vida es una prioridad.

3. Empieza en lugares que ya existen. Empezar de cero no conviene a los distritos de innovación. Como una vez dijo Jane Jacobs, teórica del urbanismo y activista sociopolítica canadiense, “new ideas need old buildings”. En lugar de derribar viejas instalaciones, o convertirlas en espacios de lujo, simplemente con adecentarlos sería suficiente para cobijar estos distritos.

La otra cara de la moneda, y a esto no se refieren los investigadores norteamericanos, es el riesgo de la gentifricación o elitización residencial. En ocasiones estos distritos ocupan barrios desfavorecidos o degradados, y acaban por desplazar a la población original por otra de un nivel adquisitivo mayor, o simplemente por el desierto nocturno. Trabajar este aspecto para que no ocurra y ambas comunidades puedan convivir y beneficiarse es necesario en los distritos de innovación.

4. Reúne a las personas mediante espacios y programación. El activo que supone una amplia red de contactos es un elemento de gran valor para los distritos de innovación. Los distritos de innovación precisan espacios físicos donde puedan programarse actos de carácter social, y también donde las personas puedan encontrarse de forma casual dentro de sus rutinas diarias.

5. Pon las cosas juntas sobre el terreno. La proximidad física puede potenciar la innovación si se combina con otros factores como el networking o una cultura que no tenga aversión al riesgo. Añádele calles por las que se pueda caminar, plantas bajas con actividad y espacios públicos animados, y tendrás un cóctel que estimulará la innovación. El estudio norteamericano pone mucho énfasis en la conveniencia de crear calles, que en su opinión marcarán la diferencia entre un lugar que simplemente coloca a los innovadores uno al lado del otro en fortalezas a las que sólo se accede en coche y que son mutuamente excluyentes, y otro emplazamiento en el que los innovadores se reúnen con regularidad en espacios compartidos, de forma intencionada o casual. En culturas como la española, con ciudades y pueblos llenas de calles transitables, no parece quizá tan importante.

6. Conecta el distrito con un área más amplia mediante múltiples métodos de transporte. Para un distrito de innovación, un sólido sistema multimodal de transporte significa que las empresas pueden instalarse fuera de él, quizá en zonas más baratas, sin perder la ventaja de la conexión; que el coste del transporte hacia fuera o hacia dentro no supondrá un coste añadido a cualquier tipo de colaboración; y que los empleados tendrán más opciones para elegir residencia y estilo de vida. Es por ejemplo, el caso de Nueva York, donde la red de transporte teje a su vez una red de contactos dentro y fuera de los distritos de innovación. Eso explicaría, en parte, que se esté convirtiendo en un nido de startup tecnológicas.

7. Aplica el método lean: experimenta, observa, repite. Los principios del desarrollo ágil son perfectamente aplicables a la creación de un entorno propicio en un distrito de innovación. Muchas de las mejores y más efectivas soluciones para mejorar un espacio son intervenciones baratas y provisionales, fáciles de quitar y poner.

8. Un gobierno con visión y estrategias holísticas e inclusivas. Un distrito de innovación necesita un nuevo tipo gobierno municipal, que implique romper los silos entre disciplinas y que afronte las cuestiones con una estrategia integrada. Eso significa planear los espacios de forma proactiva con los propios usuarios: trabajadores, estudiantes, residentes, y no solo con expertos y dirigentes. Requiere también una visión común sobre el futuro del distrito de innovación.

No todo son parabienes. El urbanista Anthony Flint, miembro del Lincoln Institute of Land Policy, un think tank ubicado en Cambridge (Massachusetts), defiende que “bautizar a un barrio con este nombre no garantiza atraer emprendedores o empresas tecnológicas”. Flint se cuestiona seriamente si es posible que todas las ciudades tengan uno. Él ya ve a todos los alcaldes diciendo: “Ah sí, un distrito de la innovación es justo lo que necesitamos aquí”, un riesgo más que evidente.

Bonus track

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