Frente a los dichos populares “la curiosidad mató al gato” o “no metas las narices”, proponemos que las organizaciones y empresas alimenten la curiosidad de las personas que las componen, porque eso crea un caldo de cultivo perfecto para la innovación y la creatividad. Y si tienes dudas, en este post encontrarás cuatro razones para no perder la bendita curiosidad si quieres innovar.

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La curiosidad fue el germen de uno de los proyectos recientes más innovadores en la industria creativa española: Didú, una técnica de tratamiento y reproducción de imágenes en relieve que convierte una imagen digital en una imagen que se puede tocar, abriendo una puerta al arte para los invidentes.

De Didú han hablado Time, Le Monde o The Washington Post. También ha recibido el Premio CultHunting 2015 y ha sido finalista en los galardones NICE que premian la innovación y la creatividad cultural en toda Europa. Un ejemplo más de cómo la curiosidad ha desembocado en un producto innovador que ya está en el mercado, creado por Estudios Durero.

Las ideas proceden de la curiosidad”

Eso decía Walt Disney y, sin embargo, tanto empresas como empleados dudan de su curiosidad. La compañía farmacéutica y química Merck ha publicado el estudio “State of Curiosity Report 2016”  y algunas de sus conclusiones son sorprendentes.

Tras entrevistar a 3.000 empleados en China, Estados Unidos y Alemania, ocho de cada diez coincidían en que las personas curiosas eran más proclives a convertir las ideas en realidad. Y también que para estos (los más curiosos) era más probable ser promocionado a posiciones de liderazgo y encontrarse muy a gusto en su trabajo.

Pese a ello, el 67% de los encuestados sentían que habían encontrado al menos una barrera en su empresa para expresar esa curiosidad. Y el 75% hallaron obstáculos para hacer más preguntas en su trabajo.

Muy pocos confiaban en su propia curiosidad: sólo un 20% se declara curioso. Y menos aún (9%) cree que la cultura organizacional de su empresa respalda y apoya realmente la curiosidad.

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Los frenos a la curiosidad más citados son la escasez de tiempo para pensar creativamente, la ausencia de soporte económico y la carencia de apoyo al desarrollo profesional. Y los potenciadores de esa curiosidad en el trabajo son sobre todo el apoyo, la autonomía, la formación y el tiempo para pensar.

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Quienes tenemos responsabilidades sobre equipos de innovación debemos pensar en qué podemos hacer para estimular esa curiosidad. Y te vamos a dar cuatro razones de peso:

  1. Todo es posible. El poder de la curiosidad es que transmite la sensación de posibilidad, un valor imprescindible en innovación. Si no creemos que algo sea posible, es raro que cristalice. Albert Einstein dijo de sí mismo que no tenía talentos especiales y fue capaz de desarrollar la teoría de la relatividad, uno de los pilares de la física moderna. Pero sí reconoció ser una persona extremadamente curiosa y esa obsesión por preguntar que le acompañó de por vida la puso al servicio de la investigación en el campo científico.
  2. Sin curiosidad, ¿cómo sabré qué quiere el cliente? En un proyecto innovador y creativo, conocer las necesidades profundas del cliente es clave para ofrecer una propuesta de valor. Y ¿cómo descubrirlas si no sentimos curiosidad por ellas y preguntamos? (sin ser mirones o entrometidos sino interesados de verdad).
  3. Escuchar para detectar nuevas oportunidades. La curiosidad no es un rasgo infantil que se pierde con la edad. Debe ser un hábito de por vida. Y necesita ser entrenado junto con la habilidad para escuchar. Prestar atención proporciona una mina de oro de información para mejorar cualquier producto o servicio, así como para detectar nuevas oportunidades de negocio que quizá nunca llegaste a imaginar.
  4. Dejar hablar y escuchar. Un rasgo de culturas corporativas innovadoras es que se construyen en torno al diálogo, frente a la orden. Preguntar (con curiosidad, sí) a tu equipo por sus ideas y pensamientos les capacita y empodera. Crea relaciones de mutuo beneficio donde todas las partes se sienten valoradas y entendidas. Y esa atmósfera es un caldo de cultivo de primera para la creatividad y la innovación.

Para cerrar este post, citamos de nuevo a Albert Einstein:

Lo importante es no dejar de hacer preguntas […] No perder jamás la bendita curiosidad”

Si estás interesado en conocer mejor lo que hacemos, ponte en contacto a través de info@repensadores.es y estaremos encantados de contártelo. ¿No sientes curiosidad?

Ilustración: elaboración propia con Ryan McGuire (CC BY-NC-SA 2.0).

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