En Repensadores trabajamos muy de cerca con industrias creativas y culturales, sobre todo con las más innovadoras. Y en este blog hemos abordado esta especialidad desde muy diversos puntos de vista: su importancia para la economía de un país, por qué deberían ser prioritarias para España, análisis de modelos de negocio innovadores.

También nos hemos hecho eco de estudios interesantes que, aunque globales, merecía la pena conocer y analizar desde el punto de vista español.

Una asignatura pendiente en el blog era conocer las experiencias de otros países que nos llevan la delantera en el apoyo y la promoción de la industria creativa y cultural.

industria creativa en otros paises

Por eso le vamos a dedicar hoy el post a este asunto. En primer lugar, con algunos datos económicos que nos ayuden a situarnos.

Principalmente, la aportación al PIB de la industria cultural y creativa en países como Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Canadá, Corea del Sur, Japón y España, así como su contribución al empleo y el volumen de exportaciones del sector.

Estos datos nos dan una visión sobre el peso económico del sector en algunos países desarrollados.

La participación de las industrias creativas y culturales en el PIB supone un 11% en Estados Unidos, donde generan un 9,75% de la fuerza laboral.

El aporte de las industrias creativas al PBI de Gran Bretaña es del 9% y un 8,76% del empleo proviene de ellas. En Francia contribuyen con un 7,9% del PIB y un 6,3% del empleo.

Los datos sobre qué volumen de bienes y servicios culturales exporta cada país son muy reveladores. De los siete que hemos seleccionado, Estados Unidos es el líder indiscutible, aunque Reino Unido, mucho más pequeño en población y dimensiones, le sigue de cerca. Es destacable que Corea del Sur esté tan cerca de Canadá en el monto exportador de su industria creativa.

También buscamos información de la política fiscal que estos siete países aplican a sus industrias creativas, pero no obtuvimos datos claros al respecto, por lo que preferimos no incluirlos. Sí nos gustaría mencionar que el Foro de Avignon, un think thank especializado en cultura y economía, ya pidió para Europa una mayor uniformidad en cuanto a impuestos sobre cultura.

La conclusión es que el tamaño de algunas economías creativas es ya bastante considerable. Y un espejo en el que nos podríamos mirar.

En España las cifras son aún muy modestas, lo que indica que aún queda mucho camino por recorrer.

Los países de economías más avanzadas, a las que podríamos catalogar como postindustriales, han comprendido la ventaja estratégica y el potencial de desarrollo de las industrias culturales y creativas, por lo cual han puesto en marcha políticas de fomento específicas para el sector.

Por desgracia, la cuestión de las industrias creativas y culturales no suele ser abordada en los discursos que los partidos políticos presentan a la sociedad, ni en los programas de gobierno cuando se avecinan las elecciones.

Ciertas formaciones políticas incluyen menciones a la cultura, pero sus definiciones muchas veces no pasan de la categoría de buenas intenciones con las que resulta imposible estar en desacuerdo.

Y la práctica ausencia del tema en estos documentos programáticos da una pauta de la importancia que se le atribuye. Más bien poca.

En la segunda parte de este post nos gustaría abordar dos casos de éxito. Dos ejemplos de países, muy distintos, que han apoyado a su industria creativa de forma muy diferente. Francia y Corea del Sur.

El primero porque fue uno de los que primero adoptó el concepto de la “excepción cultural” para proteger su patrimonio y talento creativo. El segundo porque su experiencia es más joven.

La Fundación Santillana y la Fundación Alternativas publicaron en 2016 una investigación de Jordi Baltà Portolés cuya lectura os recomendamos, porque es un fantástico análisis de qué hace Francia para salvaguardar su cultura, que, según el autor, es “uno de los modelos más pensados y estructurados en este ámbito en Europa”. De “El ejemplo francés. Cómo protege Francia la Cultura”, extraemos algunas ideas interesantes.

Baltà dedica un apartado a explicar que:

“Uno de los principales ejes de acción de las políticas culturales francesas en las últimas décadas es el apoyo a la creación, que si en un primer momento se tradujo en mecanismos de ayuda para el desarrollo del trabajo artístico (encargos a artistas, implicación de estos en proyectos educativos o en equipamientos de difusión, etc.), progresivamente se ha dirigido a las industrias culturales y ha conllevado un reconocimiento de la importancia económica de la cultura”

En la práctica, se ha traducido en encargos y adquisiciones de obras por parte del Estado, ayudas a la creación, mecanismos de protección de los artistas y profesionales de la cultura, mecanismos para facilitar el acceso al crédito por parte de las empresas y agentes de las industrias culturales, medidas orientadas a favorecer las obras de origen francés, europeo y francófono en los medios de comunicación, y apoyo e implicación de las asociaciones profesionales y los sindicatos de artistas.

En 2013, el presidente de Corea del Sur anunció un plan para dirigir al país hacia una “economía creativa”. El plan advierte que

“the Korean economy has reached the limits of the catch-up strategy which had driven economic growth for the last 40 years”

Y establece como objetivo promover un nuevo modelo de crecimiento económico basado en la innovación y el emprendimiento, un cambio importante para un país que ha basado su éxito en la fabricación, especialmente la de productos electrónicos de consumo.

Pero en realidad no es tan nueva. Antes ya se había producido la Ola Coreana (Hallyu), un auténtico fenómeno que ha llevado la cultura de este país a medio mundo principalmente a través de sus series y la música K-Pop. Por otro lado, Corea del Sur es un modelo de país innovador y una de las economías integrantes de la OCDE que más han crecido.

Esa ola cultural ha supuesto un crecimiento del 500% de las exportaciones culturales coreanas entre 2001 y 2011. Y, según Seung-Ho Kwon y Joseph Kim, investigadores de la Universidad de New Gales (Australia), parte de éxito se debe a la intervención pública del Gobierno coreano y a sus políticas. Seúl, integrante de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, es uno de los centros neurálgicos de este éxito, con un enérgico ecosistema de emprendedores digitales.

Dos ejemplos de países que han apostado por su industria creativa y cultural con bastante éxito. Dos ejemplos en los que España podría mirarse.

Fuentes

Los datos que figuran en la tabla proceden de:

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Ilustración: elaboración propia a partir de Flickr / Darren Hester (CC BY-NC 2.0).

 

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