Las migajas de la conciliación

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Hace no mucho, en este mismo blog, se hablaba de “Los memes de la conciliación” . El artículo intentaba hacer ver que la conciliación no era cosa de suecos o empresas con futbolín. La conciliación era algo inherente a la empresa, el “salvavidas” como decía el artículo.

No puedo estar más de acuerdo. Pero lamentablemente la conciliación que tenemos ahora mismo, por muchas medidas que se adopten, no es conciliación ni es nada. Son migajas.

Las relaciones laborales actuales son como las relaciones matrimoniales hace 40 o 50 años. Durante la dictadura franquista, la mujer era una subordinada de su marido. Si quería abrir una cuenta corriente, necesitaba permiso de su marido. Si quería un pasaporte, necesitaba permiso de su marido. Si salía de casa, más vale que le dijera a su marido dónde iba (y cuándo iba a volver).

Algún marido más permisivo sí que había, es verdad. Tenía que aguantar las presiones de los amigotes en el bar, que le transmitían su preocupación por la posibilidad de que su mujer le pusiera los cuernos si no la controlaba estrechamente. Podemos decir que aún hoy perduran actitudes parecidas, pero afortunadamente ya son minoría. Los hombres han avanzado en su

manera de relacionarse con las mujeres, pero sobre todo, las mujeres ya no toleran una relación así.

El marido franquista es la empresa actual, y la mujer franquista el trabajador actual. Si un trabajador quiere salir en horario de trabajo de la oficina, tiene que pedir permiso, decir dónde va, y cuándo va a volver. Si quiere salir de viaje y no le corresponden vacaciones, tiene que pedir permiso. La empresa cuida que el trabajador no visite sitios webs que no le van a hacer ningún bien (en YouTube hay de todo, todo, menos mal que en muchos sitios lo filtran). Cuando no lo Funko Pop! Batman Grim Knight (Batman) (Hot Topic)

filtran, saben qué visitas (cuidado con ver el Linkedin en horas de trabajo). Si les da el aire, leen tu correo electrónico, y como vean algo raro entre los “pichurri, llego tarde a cenar” y los “mira este

Powerpoint de gatitos”, te pueden echar a la calle con todas las de la  ley.

Alguna empresa bienintencionada intenta mitigar estas relaciones  denigrantes con migajas, como las medidas de conciliación. Pero el problema es la relación en sí, que no es de igual a igual, basada en el respeto mutuo y en la reciprocidad, sino que es una relación de sometimiento, del empleado al empleador.

Si una empresa fuera verdaderamente competente, te proporcionaría el entorno, las condiciones y las herramientas para que pudieras hacer tu trabajo, como un profesional. Nada más. No se preocuparía en ver cuándo sales, cuándo entras, dónde vas, qué ves en la web y qué escribes en los correos. Dedicaría su dinero a construir una relación fructífera y duradera, no a construir un entramado de reglas y sistemas para forzar una relación paranoica y denigrante.

El Bourbaki-consejo de hoy es que evites esos sitios para trabajar (lamentablemente son todavía la inmensa mayoría). No toleres que te traten así.

No nos queda otra, hasta que no cambien las ideas sobre el mundo laboral, la gente se dé cuenta que sin respeto no puede haber relación (laboral, o de cualquier tipo), y las relaciones sean recíprocas, de igual a igual, basadas en el aprecio mutuo y profesional.

Las migajas de la conciliación

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