¡Lo siento, me he equivocado!

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“Es imposible no equivocarse nunca”, “errar es de humanos”, “quién tiene boca, se equivoca”, “sólo a través de los errores, se aprende”, etc. Seguro que muchos hemos pronunciado estas frases en multitud de ocasiones, pero reflexionemos: ¿Las decimos como una frase hecha para calmar a la otra persona o realmente creemos, sabemos y aceptamos que todos, incluidos nosotros mismos, nos equivocamos?

Parece que a veces nos auto-aplicamos un halo de infalibilidad, no queremos reconocer nuestras equivocaciones e, incluso, nos ponemos en guardia rápidamente para que nuestra reputación no quede marcada, para siempre, con una gran “E” de color escarlata.

En culturas donde el error no se permite, es habitual encontrar contextos poco humildes y vanidosos. Lo importante se centra, primero, en la excusa, buscando cualquier resquicio al que agarrarse. Y segundo, tendemos a reconocer rápidamente los errores de nuestro “contrario” y, en cuanto podemos, los hacemos público. ¿No parece un concurso cuyo resultado depende de los puntos negativos que cada parte obtenga?

Los combates dialécticos que se producen y el no asumir las propias responsabilidades de cada uno sólo generan dificultades en la comunicación, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, pérdida de tiempo productivo, etc. ¿Realmente compensa no reconocer nuestro error y repararlo? ¿Por qué en vez de ponernos en “modo autodefensa” no reflexionamos sobre qué nos trata de hacer ver esa persona con su crítica? ¿Por qué tendemos a estos comportamientos que generan más complicaciones? maturestocking.1blogs.es

Cuando alguien nos señala constructivamente un error que, efectivamente, hemos cometido, no es necesario que tengamos que dar una solución/disculpa al instante. Es decir, podemos pedir tiempo para analizar y madurar nuestra respuesta, ya que quizá podamos extraer conclusiones que nos ayuden en nuestro desarrollo. Además, podemos pedir ejemplos de lo que nos dicen y solicitar sugerencias para no volver a caer en el error.

Toda crítica constructiva debe basarse en hechos y comportamientos, y debe ser diseñada para que sea de sea útil para el receptor y no ¡un alivio para quién la hace! La persona que haya creado un ambiente positivo hacia la crítica y que tenga la habilidad de dar feedback de mejora constructivamente tiene unas herramientas valiosísimas para motivar a personas, equipos y para conseguir sus objetivos.

Para finalizar, me gustaría destacar esta frase del filósofo Hegel: “Ten el valor de equivocarte”. Al final, equivocarse cuando iniciamos una tarea nueva o un nuevo desafío es fruto de nuestra iniciativa, del coraje de quién decidió hacer las cosas de una forma diferente y no lo consiguió, pero al menos lo intentó y no se paralizó. Esto también debe ser reconocido ya que sólo las culturas que entiendan el error como fuente de aprendizaje podrán innovar y adaptarse mejor a los cambios.

Muchas veces las equivocaciones del pasado tienen que ver con los merecimientos del presente que nos toca vivir y, además, estos errores también nos indican el camino a no recorrer de nuevo.

¡Lo siento, me he equivocado!

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