Productividad y conocimiento personal

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El desarrollo y el entrenamiento son vitales a la hora de generar crecimiento y enriquecimiento, tanto de nuestra vida personal como profesional. Todos los que gestionamos personas soñamos con la organización ideal, donde abundan los colaboradores entusiastas y con ganas de superarse día a día aportando lo mejor de sí mismos a la organización.

Sin embargo, a menudo escuchamos que “la empresa no mide ni valora nuestro desempeño” o “que no hace nada por desarrollarnos”. Soy de la opinión de que con este tema hay que ser tremendamente egoísta y exigente con uno mismo, o aplicamos el principio “si no lo hago yo, nadie lo va a hacer por mi” o nos quedamos estancados esperando tiempos mejores.

¿Por qué se incide tan poco en la productividad personal como clave del progreso y el éxito? ¿Por qué los Planes de Desarrollo Personales (PDP) parece que sólo se utilizan para los demás? No esperemos a la Auditoría o al “review” anual para establecer áreas de mejora, nuevas metas, o para plantearnos cómo ser más eficaces en la gestión de nuestro día a día.

La idea de un PDP está muy conectada a la de mejora personal de nuestras habilidades y prácticas para obtener mejores resultados. En definitiva, para que seamos más productivos, con un único objetivo: trabajar de forma más inteligente, en lugar de más duramente.

Pero para ello hay que adquirir y desarrollar una serie de hábitos que permitan cristalizar el aprendizaje y convertirlo en rendimiento. Estos hábitos se consiguen en muchas ocasiones con pequeños actos que son las que creo se deberían plasmar en un PDP siguiendo una serie de reglas básicas (véase Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, de S.R. Covey): una tarea a la vez (todavía en muchas ocasiones pretendo hacer siete cosas a la vez), definir las metas en términos de resultados (si no sé qué quiero conseguir, jamás sabré que tengo que hacer), usar el principio de Pareto (20% tareas proporcionan el 80% de valor), recargar tu energía constantemente (a menudo me sorprendo trabajando con hambre o con sed), etc.

La motivación, el desarrollo y el entrenamiento deberían empezar por uno mismo, comprometiéndonos con pequeños cambios que traten de influir en el curso de nuestras acciones para cubrir el “gap” entre la situación presente y la deseada, siempre mejor por escrito. Ahí van algunos ejemplos sencillos que a mi particularmente me están ayudando: outinnyou.1blogs.es

Si el teclado es la herramienta de comunicación por excelencia (en sus múltiples versiones), ¿por qué le prestamos tan poca atención? Objetivo: tener una buena velocidad de mecanografía (por ejemplo, utilizando 5 minutos al día TypeFaster).

Si manejamos ingentes cantidades de archivos y nos quejamos de la dispersión de los datos, ¿por qué tan poca gente sabe utilizar las tablas dinámicas? Objetivo: hacer un curso de Excel Avanzado y aprender a usarlas (después crea una herramienta tipo BSC, aunque sea de andar por casa, verás el cambio).

Si de media recibimos 100 e-mails al día y escribimos otros 40, y nos quejamos de la gran fuente de distracción que supone, ¿por qué no mejoramos su gestión y superamos la adicción al correo? Objetivo: no abrir el correo hasta transcurridas 2 horas y fijar un máximo de tiempo diario para gestionarlo todo a la vez. Cierra todos los programas cuando necesites centrarte en una tarea.

Si conocemos muy bien a los demás, ¿por qué cuando nos preguntan en qué somos buenos o en qué podemos mejorar respondemos lo primero que se nos ocurre? Objetivo: saber cuál es nuestro perfil personal y profesional. Conócete a ti mismo mediante un sencillo test de personalidad que te ayudará a concentrarte en tus puntos fuertes y potenciar las áreas de mejora (todos sabemos que es más fácil enseñar a trepar a un pájaro que volar a una ardilla).

Si quieres ser productivo, sólo tienes que hacer dos cosas: elegir qué vas a hacer y hacerlo. La vida es demasiado corta y a menudo nos depara sorpresas imprevisibles como para desperdiciarla viendo cómo pasan las horas o quejándonos todo el tiempo de la situación actual, de nuestro trabajo, de nuestro jefe, sin poner nada de nuestra parte para remediarlo.

Blogs como El Canasto de Jeroen Sangers nos proporcionan claves muy interesantes para poder ir trabajando de manera personal en este tema. Como decía el escritor y humorista canadiense Stephen Leacock: “creo muchísimo en la suerte y descubro que cuanto más trabajo, más suerte tengo”, pero intentemos hacer las cosas adecuadas y bien.

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