Talento sin estrenar

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Érase una vez una joven y recién licenciada muchacha que buscaba trabajo con ilusión, curriculum en mano. Por entonces, eso de las webs de reclutamiento era algo nuevo y no toda las empresas  lo tenían. Así que nuestra joven graduada iba de feria en feria de empleo, de stand en stand, preguntando si su perfil encajaba con la actividad de cada una de las empresas por donde iba.

Al principio se encontraba muy segura de sí misma, había estudiado en una universidad de prestigio, una carrera novedosa, que prometía muchas salidas. Había terminado la licenciatura con experiencia en prácticas en tres empresas, una de ellas, incluso fuera de España. Además, fue estudiante Erasmus, de las que se bebían lo libros, no de las que bebían cerveza.

Pero, cuál fue su sorpresa cuando se empezó a encontrar con la pregunta: “Pero, ¿tú tienes un máster, hija mía?”. A lo que ella contestaba: “No, acabo de terminar mi carrera, que ya de por sí me prepara para el trabajo que quiero desempeñar.” “Pues lo sentimos, pero para trabajar en esta multinacional de prestigio, exigimos que nuestras incorporaciones tengan un máster, al ser posible de la escuela Bla, Bla, Bla”.

Vaya, un buen chasco se llevó nuestro joven promesa. Resulta que después del esfuerzo hercúleo que habían hecho sus padres para pagarle la matrícula de universidad de prestigio, después de haberse esforzado por sacar un 9 de media y,de haber puesto un “extra” en cada una de las oportunidades que se le ponían por delante, todavía le pedían más.”Uff, suspiró, si no hay más remedio…”.

Así que emprendió la tarea de buscar ese  máster que le abriría las puertas de ese tipo de empresas en que todo el mundo quiere trabajar porque desprenden glamour en todo lo que hacen.

Para poderse costear el máster, se puso a trabajar en las cosas más variopintas. Por supuesto, para acceder a estos trabajos borró algunas líneas de su curriculum: grabadora de datos, dependienta, camarera…etc.

En las pruebas de acceso al máster, le preguntaron si tenía experiencia. “Por supuesto”, dijo ella. “Tengo prácticas en empresa, hice más horas y trabajé en más empresas de las que me exijía los créditos del practicum”. “Ya, bueno, eso no es suficiente, aquí, verás, somos de prestigio, para hacer este máster tienes que tener al menos cuatro años de experiencia”. Al final, después de mucho insistir, en la escuela la admitieron y con una financiación a 3 años, consiguió pagar la matrícula.

En el máster, como ella sospechaba, tampoco le enseñaron cosas que no le hubieran enseñado ya en su facultad. Por algo, había elegido muy bien la Universidad y el plan de estudios que cursó. Pero, el título era de “Máster” y eso de cara a sus futuras empresas  “era otra cosa”.

Una vez terminó su Máster, efectivamente, consiguió su primer empleo “serio”. Los días previos a entrar en la empresa “GLAMOURO S.A.” se encontraba muy nerviosa e ilusionada. Estuvo mirando cómo preparse bien para su nuevo empleo, leyendo libros, repasando apuntes, pensando en el tipo de funciones que iba a tener que asumir…. Qué bien, por fin, la tierra prometida estaba cerca. Podría poner en práctica sus habilidades de comunicación (tan ensayadas en las presentaciones de la carrera y del máster), su capacidad analítica, su seguridad en si misma para tomar decisiones, su capacidad creativa para poner en marcha nuevas formas de hacer… Su familia y ella mísma podrían sentirse orgullosos de formar parte del equipo de GLAMOUROSA.

Sin embargo, la historia no se desenvolvió para nada como ella había pronosticado. Cuando llegó a su nueva empresa se encontró con la encomendación de las tareas más administrativas del área. “Por favor, hadme este tipo de gráfico de barras en el informe, necesitamos alguien que nos revise la ortografía, archiva esto, maqueta esto otro, no, no, no, el análisis de los datos déjamelo a mí, ya lo harás algún día”.

Así fueron pasando los días, los meses, !los primeros años¡ y nuestra joven muchacha se fue haciendo mayor. Se hizo una maestra de las tareas administrativas, tan tediosas y en donde tan poco lucía su verdadero talento. En silencio, ella analizaba los gráficos y toda la información que pasaba por sus manos. Tenía su propia opinión de cómo debían ser las cosas pero nadie la preguntaba ni esperaba su participación. Cuando, alguna vez veía un pequeño hueco para expresarse, su jefe u otros compañeros, la miraban con sorpresa y le respondían, “Ajá, interesante”. Pero se volvían por el mismo sitio por donde vinieron a hacer las cosas del mismo modo.

Poco a poco, nuestra ilusionada joven fue perdiendo su luz natural y se fue volviendo más y más opaca. Cuando sus amigos la preguntaban, “oye, ¿qué tal en GLAMOUROSA? Qué envidia, una empresa con oportunidades y seguro que te pagan bien”. Ella movía el hocico para un lado y decia un “sí” bajito. “Sí, bien, contenta”. Cómo explicarles que no era oro todo lo que relucía, que no todo el monte es orégano, que jefe no hay más que uno y que su trabajo lo podría hacer simplemente con haberse quedado en COU.

Vaya, esta es la historia de una joven licenciada en España, país donde se le llama pleno empleo a mantener una tasa de desempleo del 8%, con mayor porcentaje de licenciados de toda Europa, donde las mujeres están mejor formadas que los hombres pero van perdiendo fuerza por el camino hacia los puestos de mayor responsabilidad. Es una mujer sí, aunque, en realidad representa a los hombres y mujeres de una generación con los que muchos os sentiréis identificados.

Si bien es verdad que, alguien recién graduado no debe aspirar a tomar las riendas de un departamento, área, ni mucho menos de una empresa (¿o quizás sí?). También es cierto que traen consigo el bagaje que sus profesores han depositado en ellos, con las últimas tendencias en muchos campos. También es verdad que vienen con ojos limpios que cuestionan de forma constructiva el porqué de las cosas. Y sobretodo, que vienen con la ilusión de aquel a quien han invitado a subir al barco y navegar por un océano con muchos misterios por descubrir.

¿Qué pensáis? ¿Creéis que estamos despilfarrando el talento de las nuevas incorporaciones? ¿Pensáis que es necesario un período de “mili” antes de poder contribuir en temas más estratégicos?

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