Creemos que el cambio hacia una mayor cultura emprendedora en este país ha comenzado. Sin prisa, lentamente, pero sin pausa. Los factores que han ayudado a este proceso son múltiples y no vamos a analizarlos aquí. Pero uno de los que hemos detectado es una nueva mentalidad entre los padres jóvenes. Muchos progenitores, que están viviendo los estragos de la crisis o el rumbo que toma el mercado laboral, muestran interés en que sus hijos adquieran las competencias que les abran camino en su futura vida profesional y, entre ellas, especialmente el espíritu emprendedor. Para ellos, proponemos 10 formas sencillas de transmitir espíritu emprendedor a sus hijos.

transmitir espíritu emprendedor

Por fortuna, el espíritu emprendedor es una capacidad que se puede adquirir desde la infancia, fortaleciendo ciertas aptitudes y, sobre todo, inculcando algunas actitudes desde pequeños. No sólo se trata de predisposición para el liderazgo y para las finanzas, emprender también requiere creatividad, asertividad, confianza en uno mismo, capacidad para resolver conflictos y para tomar decisiones o pensamiento positivo.

Leyendo el blog de Javier Megías, nos hemos sentido plenamente identificados con una de las preocupaciones que expresa:

“El problema es que muchos de nosotros, que sufrimos la habitual educación tradicional, no sabemos cómo ayudarles a desatar su potencial, cualquiera que éste sea. Porque no se trata de adoptar posiciones integristas y obligar a que nuestros hijos emprendan. Se trata de que les ayudemos a desarrollar todas sus capacidades, y en definitiva, darles herramientas para que construyan su futuro”.

Padres y profesores hemos de ser conscientes de que los niños y los jóvenes aprenden más de lo que ven que de lo que oyen. En otro post profundizaremos en el papel de los educadores en la transmisión de una cultura emprendedora a los más pequeños, pero hoy nos gustaría proponeros 10 formas sencillas de inculcar el espíritu emprendedor a nuestros hijos:

  1. Anímales a fijarse metas. Si uno se marca un objetivo (mejor por escrito), tiene un 80% más de probabilidades de llegar a él. Enseñar a los niños cómo precisar y alcanzar sus metas puede ser divertido y una actividad muy instructiva. Haced juntos un brainstorming para elaborar una lista de propósitos, déjales que elijan aquellos cinco que más les atraigan. Escribidlos en un papel y tenedlos en algún lugar de la casa a la vista de los dos. Procura ayudarles a fijarse metas alcanzables y anímales en todo momento a pasar a la acción para lograrlas.
  2. Enséñales a reconocer oportunidades. Todos conocemos a alguien que dejó pasar una oportunidad porque no la vio. Y no queremos que eso les suceda a nuestros hijos. El espíritu emprendedor (y el innovador) crece a base de retos y desafíos. Anímales a identificar oportunidades buscando cosas que no funcionan bien (o lo podrían hacerlo mejor). Por ejemplo, si das un paseo con tus hijos por el vecindario o vas a hacer recados con ellos, enséñales a buscar cosas que ellos podrían hacer para otros: ayudar a transportar la cesta de la compra, pasear a los perros… Seguro que la familia o los amigos tienen tareas que puedan llevar a cabo por un pequeño estipendio. Ser creativos, observadores y capaces de transformar un problema en un propuesta puede ayudarles a ver y reaccionar ante una oportunidad empresarial en el futuro.
  3. Adquirir habilidad para vender. En España es una destreza menospreciada, lo que ha conducido a una escasez de buenos profesionales de la venta. Saber vender es una habilidad muy valiosa tanto para los emprendedores como para cualquier otra actividad. Anima a tus hijos a empezar con pequeños proyectos, como vender sus viejos juguetes, montar un mercadillo de galletas hechas por ellos, u ofrecerse para sacar a pasear a las mascotas o hacer recados sencillos. Déjales que pongan un precio, que traten de vender sus servicios y facilítales que cobren sus honorarios cuando se produzca la venta.
  4. Cómo gestionar sus finanzas. Este es un tema al que las escuelas no suelen prestar atención porque entienden que es una responsabilidad familiar. Ese dinero que los niños han obtenido en las actividades del punto anterior puede ayudarte a mostrarles cómo emplearlo para nuevas iniciativas, a ahorrarlo, o a gestionarlo como si de un presupuesto se tratara.
  5. Más colaboración y comunicación. El trabajo en equipo es ya un requisito para desempeñar cualquier profesión, y por su puesto para un emprendedor. La educación, la tolerancia y el respeto, dialogar, mostrar sus opiniones y escuchar las de los demás son habilidades que, aprendidas de niño, no se olvidan jamás. Los niños, por efecto del teléfono móvil y las tabletas, escriben con abreviaturas, lo que les sirve para comunicarse entre ellos, pero dificulta la comprensión por otros. Escribid emails en colaboración y enviádselos a amigos y compañeros de clase a modo de práctica.
  6. Creatividad al resolver problemas. Lo más común es que los padres, ante cualquier problema, demos todas las respuestas y soluciones. En lugar de eso, debemos animarles a pensar, preguntándoles “¿que se te ocurre para poder solucionar esto?”. Atender todas sus ideas y sugerencias por absurdas que parezcan e ir induciéndoles a un razonamiento más realista. No les des las respuestas correctas, deja que ellos encuentre las suyas propias. Así, ayudamos a los niños a ser independientes, creativos y resolutivos. En la edad adulta no se paralizarán ante cualquier inconveniente sino que se pondrán a buscar soluciones.
  7. Enfatizar la parte positiva de los errores. “Te lo dije” es una frase que habremos escuchado millones de veces en boca de padres y madres. Debemos dejar que nuestro hijos tomen sus propias decisiones y se equivoquen, sustituyendo esa expresión por “No te preocupes, no pasa nada”. Ayúdales a reconocer sus errores y a analizarlos para aprender de ellos. Dejar que cometan equivocaciones por su cuenta les forzará a ser más creativos a la hora de buscar soluciones la próxima vez que tengan una dificultad.
  8. Creatividad y arte. Aunque algunos piensen que la creatividad y el arte nada tienen que ver con el espíritu emprendedor, alentar a los más pequeños la expresión libre de sus capacidades artísticas les ayudará a conocerse mejor, a reflexionar sobre sus motivaciones, y a mejorar su flexibilidad y creatividad.
  9. Salir de la zona de confort. El niño se siente cómodo en su zona de confort. Le cuesta salir, pero si se acostumbra a hacerlo, se habituará a cierto grado de incertidumbre en la vida. Podemos proponer actividades diferentes que salgan de la monotonía habitual, sorprenderles con novedades a las que se tengan que enfrentar para descubrir que son divertidas. Siempre, claro, con un riesgo calculado.
  10. Que interioricen la cultura del esfuerzo. No hay personas brillantes que no tengan tras de sí muchas horas de entrenamiento. Esforzarse es el único camino para desarrollar el talento y, como señala el conocido médico catalán Eduard Estivill, “se puede enseñar a un niño la cultura del esfuerzo con mucho amor y ternura”.

En Repensadores entendemos el emprendimiento como la capacidad de tener iniciativa, que no siempre debe desembocar en la creación de una empresa, porque asociar automáticamente ambas ideas es un error y puede suponer una limitación. La Real Academia de la Lengua (RAE), que suele ser muy precisa, da la clave con su definición de emprender:

“Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”

Insistimos. El emprendimiento es una actitud, que puede plasmarse en iniciativas de tipo asociativo, de innovación social o de participación escolar y ciudadana. Hay emprendedores que no son empresarios y empresarios que no son emprendedores.

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Ilustración: elaboración propia a partir de Flickr / Tiffany Terry (CC BY 2.0).

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